Peregrinar a Tierra Santa hoy: una experiencia de fe, esperanza y regalos de Dios

Hay momentos en una peregrinación que no aparecen en ningún itinerario, pero que permanecen para siempre en el corazón. Así han comenzado los primeros días de nuestro grupo en Tierra Santa: con la alegría del reencuentro, la emoción de pisar el Evangelio y la certeza de que Dios sigue regalando momentos únicos a quienes responden a su llamado.

Después de aterrizar el jueves 16 de julio en Tel Aviv, los veinte peregrinos acompañados por Fray Fidel de Jesús, OFM, de la provincia de San Felipe de Jesús, y de dos sacerdotes diocesanos Pbro. Raúl Lugo y Pbro. Atilano Ceballos, fueron recibidos con entusiasmo por Fray Marcelo Cicchinelli, OFM, guía local y Guardián de la comunidad franciscana de Belén, que ya los esperaba para iniciar esta esperada peregrinación.

Sin demora, el grupo emprendió el camino hacia Nazaret, el pueblo donde el Verbo se hizo carne.

Una Casa Nova casi en silencio

La primera parada fue la Casa Nova de Nazaret, la histórica casa de peregrinos administrada por la Custodia Franciscana de Tierra Santa. Allí los recibió con enorme alegría Fray Sergio Olmedo, responsable de la casa, junto con el equipo de colaboradores cristianos que diariamente sirven a los peregrinos.

Sin embargo, había un detalle imposible de pasar por alto. La Casa Nova, que durante años ha recibido continuamente grupos de todo el mundo, estaba prácticamente vacía. Nuestro grupo era el único hospedado estas noches.

La escena habla por sí sola del momento que vive Tierra Santa. La disminución de peregrinos ha impactado profundamente a quienes dedican su vida al servicio de los Santos Lugares y a las numerosas familias cristianas que dependen de las peregrinaciones para su sustento. Precisamente por ello, cada grupo que llega representa mucho más que visitantes: es un signo concreto de esperanza para la Iglesia que permanece donde nació el cristianismo.

Un regalo inesperado en la Basílica de la Anunciación

Aquella misma noche, cuando parecía que la jornada había terminado, llegó la primera gran sorpresa. La Basílica de la Anunciación ya había cerrado sus puertas por motivos administrativos. Todo indicaba que habría que esperar hasta el día siguiente para entrar.

Sin embargo, de manera extraordinaria, se concedió al grupo el acceso a la basílica para poder permanecer unos momentos frente a la Gruta de la Anunciación, el lugar donde, la tradición cristiana ininterrumpida y la arqueología señalan el «hic» el «aquí», del anunció del Arcángel Gabriel a María que sería la Madre del Salvador.

El silencio del santuario casi vacío hacía todavía más profunda la experiencia. Allí, frente a la humilde casa de María, el grupo rezó el Santo Rosario, elevó algunos cantos y, después, dejó que el silencio hablara por sí mismo. No hacían falta muchas palabras.

Cada peregrino contemplaba el misterio del «sí» de María justamente en el lugar donde comenzó la historia de nuestra salvación.

La Eucaristía en el corazón de Nazaret

Al amanecer del 17 de julio, los peregrinos recibieron una nueva gracia. La Santa Misa fue celebrada frente a la Gruta-Casa de la Virgen María, corazón espiritual de la Basílica de la Anunciación.

Celebrar la Eucaristía en el lugar donde el Verbo se hizo carne es una experiencia difícil de describir. Allí el Evangelio deja de sentirse lejano para convertirse en una realidad palpable. Posteriormente, el grupo recorrió la Basílica de la Anunciación y la cercana Iglesia de San José, que recuerda el hogar donde la Sagrada Familia vivió tras su regreso de la huida a Egipto.

Al mediodía, los peregrinos se unieron al tradicional Ángelus Solemne junto a la comunidad franciscana. En esta ocasión la celebración fue presidida por Fray Marcelo Cicchinelli, reforzando el vínculo entre los peregrinos y la misión cotidiana de los frailes que custodian estos lugares santos.

Caná: donde el amor volvió a decir «sí»

Después del almuerzo, el grupo llegó a Caná de Galilea, escenario del primer signo público de Jesús: la transformación del agua en vino durante unas bodas.

En ese mismo lugar, tres matrimonios del grupo renovaron sus promesas matrimoniales, renovando también el compromiso de caminar juntos bajo la bendición de Dios.

Fue un momento profundamente emotivo, recordando que Cristo sigue bendiciendo hoy el amor de los esposos, como lo hizo hace dos mil años en Caná.

El Monte Tabor y una visita inesperada

La jornada continuó en la Basílica de la Transfiguración, en el Monte Tabor. En la cripta del santuario se proclamó el Evangelio de la Transfiguración y posteriormente cada peregrino tuvo un prolongado momento de oración en silencio, contemplando el misterio de Cristo glorioso antes de admirar la inmensidad del Valle de Esdrelón desde la cima del monte. Pero todavía quedaba otra sorpresa.

Fray Francisco, uno de los frailes franciscanos que custodian la Basílica de la Transfiguración, decidió acompañar personalmente al grupo al pequeño pueblo de Naím. Pocos peregrinos llegan hasta allí. Actualmente no existe una comunidad cristiana en el lugar y la iglesia que recuerda la resurrección del hijo de la viuda de Naím permaneció cerrada durante muchos años, reabriéndose nuevamente a los peregrinos en 2013.

Precisamente por eso, la visita adquirió un significado muy especial. Dentro de aquella pequeña iglesia, el grupo rezó de manera particular por todas las madres y familias que experimentan el inmenso dolor de haber perdido a un hijo, confiando ese sufrimiento al mismo Cristo que, movido por la compasión, devolvió la vida al hijo de aquella viuda narrada en el Evangelio.

Tierra Santa sigue esperando peregrinos

Los primeros días de esta peregrinación recuerdan una verdad que hoy merece ser contada.

Tierra Santa continúa abierta. Los Santos Lugares siguen acogiendo a quienes desean encontrarse con Cristo. Los frailes franciscanos permanecen fieles a su misión de custodiar estos lugares y acompañar a los peregrinos, mientras la comunidad cristiana local continúa esperando con esperanza el regreso de quienes llegan desde todo el mundo.

Cada peregrino que cruza estas tierras no solo recibe gracias espirituales. También fortalece, con su presencia, a la Iglesia que vive donde comenzó nuestra fe.

Seguimos encomendando a este grupo a las oraciones de toda nuestra comunidad para que el Señor continúe regalándoles abundantes frutos espirituales y para que muchos otros se animen a responder al llamado de peregrinar a la Tierra de Jesús.

Porque hoy, más que nunca, peregrinar a Tierra Santa sigue siendo posible. Y quienes se atreven a venir descubren que el Señor continúa esperando a cada peregrino exactamente donde comenzó la historia de nuestra salvación.

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