Ayer 15 de agosto, en la Iglesia Universal celebramos a María asunta a los cielos en cuerpo y alma, verdad de Fe que el magisterio nos definió el 1 de noviembre de 1950 por boca de SS el papa Pio XII.

La Asunción de María es un acontecimiento que ya en nuestros inicios cristianos hemos contemplado. Prueba de ello es la construcción de un recinto en Jerusalén que guarda la antigua tradición del tránsito de la Virgen cerca del Cenáculo, donde hoy se encuentra la Abadía de la Dormición. Además, la literatura de los textos apócrifos guardan esta antigua tradición y nos dan algunas señales de los últimos días de la vida terrena de la Virgen.

En la actual Abadía de la dormición, en la cripta se encuentra una imagen que nos recuerda su tránsito:

Arriba de la escultura de María dormida, un mosaico en la parte superior que representa a Cristo y a su alrededor las imágenes de 6 mujeres importantes del Antiguo Testamento comenzando por Eva, Miriam, Jael, Judith, Esther y Ruth. Preparan la venida de María y en quienes se prefiguran sus virtudes, también ejemplifican lo que Isabel exclama “bendita entre todas las mujeres” “la gloria de Jerusalén, el orgullo supremo de Israel, el honor mayor de nuestra raza

María yacente, la escultura y el baldaquino se encuentran en las cripta de la Abadía de la dormición. No se tiene una referencia directamente bíblica de la Asunción de María, sin embargo, a través de textos apócrifos antiguos tenemos algunos datos de este acontecimiento:

Tratado de san Juan el teólogo sobre la dormición de la santa Madre de Dios

También en domingo dijo la madre del Señor a los apóstoles: «Poned incienso, porque Cristo viene con un ejército de ángeles». Y he aquí que se presenta Cristo sentado sobre un trono de querubines. Mientras todos nosotros rezábamos, aparecieron multitudes innumerables de ángeles, y el Señor venía sobre querubines con gran poder. Se produjo un resplandor luminoso sobre la santa Virgen con la llegada de su unigénito Hijo y, postrándose todas las potestades de los cielos, lo adoraron (…) Entonces, volviéndose el Señor, dijo a Pedro: «Ha llegado el momento de comenzar la salmodia». Cuando Pedro comenzó la salmodia, todas las potencias de los cielos respondieron con el Aleluya. Entonces el rostro de la madre del Señor resplandeció más que la luz, se levantó y bendijo con su propia mano a cada uno de los apóstoles. Todos dieron gloria a Dios.

Y el Señor, extendiendo sus purísimas manos, recibió su alma santa e inmaculada. (…) Realizado este milagro, llevaron los apóstoles el féretro y depositaron el precioso y santo cuerpo de María en Getsemaní, en un sepulcro nuevo. Y he aquí que un perfume de suave olor salía del sepulcro de nuestra Señora la madre de Dios. Durante tres días se escucharon voces de ángeles invisibles que glorificaban a su Hijo Cristo, nuestro Dios. Pasado el tercer día, ya no se oyeron las voces, y por ello todos conocieron que su cuerpo inmaculado y honorable había sido trasladado al paraíso.

Narración del Pseudo José de Arimatea

Dijo entonces el bienaventurado Tomás: «¿Dónde habéis puesto su cuerpo?». Y ellos le señalaron el sepulcro con el dedo. Pero él replicó: «Pues allí no está ese cuerpo llamado santísimo». El bienaventurado Pedro le dijo entonces:

«Ya en otra ocasión no quisiste creer con nosotros la resurrección de nuestro Maestro y Señor si no lo palpabas con tus dedos y lo veías. ¿Cómo vas a creernos cuando te decimos que el santo cuerpo estaba aquí?». Pero él seguía afirmando: «Que no está aquí».

Entonces, como llenos de ira, se acercaron al sepulcro, que era nuevo y había sido excavado en la roca, y apartaron la piedra. Pero no encontraron el cuerpo, por lo que no sabían qué decir al verse vencidos por las palabras de Tomás.

Estos textos nos dan luces del final terrenal de la Virgen; aunque no definen lo que sucedió con la virgen, si murió o simplemente entro en un estado de éxtasis temporal, incluso el dogma de la Asunción no define que fue exactamente lo que ella experimento, Pío XII en la Constitución “Munificentissimus Deus” dice “Que la Inmaculada Madre De Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

A lo largo de la historia este tema ha sido motivo de discusión de entre fieles, sobre todo de los teólogos. Sin embargo, SS Benedicto XVI en su Homilía del Domingo 15 de agosto de 2010 habló al respecto diciendo:

“Lo que san Pablo afirma de todos los hombres, la Iglesia, en su magisterio infalible, lo dice de María en un modo y sentido precisos: la Madre de Dios se inserta hasta tal punto en el Misterio de Cristo que es partícipe de la Resurrección de su Hijo con todo su ser ya al final de su vida terrena. Vive lo que nosotros esperamos al final de los tiempos cuando sea aniquilado «el último enemigo», la muerte. Y ya vive en ella lo que proclamamos en el Credo: «Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro»”

La afirmación de que la Virgen, para parecerse más a su Hijo, habría sufrido el dolor de la muerte, ha tenido siempre muchos seguidores. En este caso, Jesús habría resucitado a su Madre por amor y como confirmación de lo que todos nosotros esperamos: la resurrección de los muertos; y a continuación la habría llevado al cielo para estar junto al Padre, como la esclava del Señor, y junto a su amado esposo el Espíritu Santo y así en comunión con Dios mismo, nos muestra su protección, auxilio y defensa maternal con el mismo amor con el que en Nazareth cuidó de su hijo Jesus.

Puede que también te guste...

Déjanos tu comentario

Descubre más desde Peregrinaciones.blog

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo