A orillas del Mar de Galilea: donde el Evangelio se convierte en una experiencia

Hay lugares en Tierra Santa donde el peregrino comprende que el Evangelio no solo se lee: también se escucha, se contempla y puede tocarse.

Así transcurrió el segundo día de peregrinación de nuestro grupo, recorriendo los santuarios que rodean el Mar de Galilea, escenario de buena parte de la vida pública de Jesús. Fue aquí donde llamó a sus primeros discípulos, predicó a las multitudes, realizó numerosos milagros y reveló el Reino de Dios a orillas de un lago que sigue conservando, dos mil años después, una belleza capaz de conmover el corazón.

El Monte donde resuena el Sermón de las Bienaventuranzas

La jornada comenzó en el Monte de las Bienaventuranzas, el lugar que la tradición identifica con la proclamación del Sermón de la Montaña.

Desde la cima, el paisaje invita al silencio. Frente al inmenso horizonte del Mar de Galilea, las palabras de Jesús adquieren una fuerza especial: «Bienaventurados los pobres de espíritu… Bienaventurados los misericordiosos… Bienaventurados los que trabajan por la paz…»

Cada peregrino tuvo tiempo para contemplar, orar y dejar que esas enseñanzas, pronunciadas precisamente en aquel lugar, volvieran a resonar en el corazón.

Tabgha: donde el Señor sigue alimentando a su pueblo

La peregrinación continuó hacia Tabgha, donde se conservan dos importantes santuarios. Primero visitamos la Iglesia de la Multiplicación de los Panes y los Peces, edificada sobre el lugar donde la tradición recuerda el milagro con el que Jesús alimentó a miles de personas. El famoso mosaico de los panes y los peces, conservado desde los primeros siglos del cristianismo, sigue recordando que Dios nunca deja de multiplicar sus dones y que él se hace presente en el Pan Eucarístico.

Muy cerca se encuentra la Iglesia del Primado de Pedro, construida junto a la orilla del lago, donde el Evangelio sitúa una de las más hermosas apariciones de Cristo Resucitado.

Allí el grupo escuchó el relato del encuentro entre Jesús y sus discípulos después de la pesca milagrosa. Después, muchos de los peregrinos descendieron hasta la orilla para introducir los pies en las aguas del Mar de Galilea, mientras contemplaban el mismo paisaje que vieron los apóstoles y escuchaban las palabras con las que Jesús confió a Pedro la misión de apacentar su Iglesia.

Fue un momento sencillo, pero profundamente conmovedor.

Cafarnaúm: el pueblo donde Jesús hizo su hogar

El siguiente destino fue Cafarnaúm, conocida como «la ciudad de Jesús». Después de dejar Nazaret, fue aquí donde el Señor estableció el centro de su ministerio en Galilea. En este lugar predicó, sanó enfermos, llamó discípulos y convivió con ellos.

Los peregrinos recorrieron los restos de la antigua ciudad, visitaron la Casa de San Pedro, donde Jesús habitó durante buena parte de su vida pública, y contemplaron la impresionante sinagoga levantada sobre los vestigios de aquella donde el Señor enseñó y pronunció el discurso del Pan de Vida.

A la orilla del lago, rodeados por el mismo paisaje que acompañó tantas páginas del Evangelio, el grupo celebró la Santa Eucaristía. Difícil imaginar un lugar más apropiado para escuchar nuevamente las palabras de Jesús: «Yo soy el Pan de Vida».

Antes de partir, no podía faltar la fotografía junto a la conocida escultura de San Pedro.

Navegar por el mar donde caminó Jesús

Por la tarde llegó uno de los momentos más esperados de la jornada.

Desde el puerto de Tiberíades, el grupo abordó una embarcación para navegar por el Mar de Galilea. Mientras la barca avanzaba, se proclamó el pasaje evangélico de la tempestad calmada. El viento, el agua y el horizonte hacían que la escena pareciera cobrar vida nuevamente.

Después llegaron varios minutos de silencio, oración y música para la meditación. No era difícil imaginar a Jesús caminando por aquellas orillas, enseñando desde una barca o invitando a sus discípulos a remar mar adentro.

¡El Mar de Galilea es el mayor santuario natural de toda Tierra Santa! ¡Todo en él habla del Evangelio!

Como ya es tradición en muchas de estas travesías, la contemplación dio paso también a la alegría compartida. Los coordinadores de la embarcación animaron al grupo a participar en algunos bailes tradicionales israelíes, entre ellos las conocidas melodías Hava Naguila y Hevenu Shalom Aleichem, que llenaron la cubierta de sonrisas y fraternidad.

Porque una peregrinación también sabe celebrar la alegría de la fe.

Magdala: Sinagoga y Duc in Altum

La jornada concluyó en Magdala, ciudad natal de Santa María Magdalena y uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de las últimas décadas en Tierra Santa.

Los peregrinos conocieron la antigua sinagoga del tiempo de Jesús, donde probablemente el Señor predicó durante su ministerio en Galilea, y recorrieron el impresionante centro espiritual Duc in Altum, cuyas capillas, decoradas con mosaicos y obras de arte contemporáneo, invitan a contemplar distintos momentos de la vida pública de Cristo.

El día terminó en uno de los lugares más conmovedores del santuario: la Capilla del Encuentro, donde una hermosa imagen representa a la mujer que, padeciendo hemorragias desde hacía años, se acercó con fe para tocar solamente el borde del manto de Jesús y quedó curada.

Frente a esa escena, los peregrinos elevaron una oración sencilla y profunda, confiando al Señor sus propias heridas, las de sus familias y las de tantas personas que esperan experimentar también hoy el poder sanador de Cristo.

Un Evangelio vivo

Cada monte, cada sendero, cada piedra y cada orilla siguen anunciando a Jesucristo.

Y quizá ese sea el mayor regalo de peregrinar a Tierra Santa: comprender que el Señor continúa llamando, enseñando, sanando y fortaleciendo la fe de quienes se ponen en camino para encontrarse con Él, justamente allí donde comenzó la misión que cambió la historia del mundo.

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