A menos de 50 kilómetros de Roma, entre las colinas del Lacio, se encuentra Genazzano, una pequeña localidad que desde hace más de cinco siglos recibe peregrinos atraídos por una delicada imagen de María con el Niño Jesús. Es el Santuario de la Madre del Buen Consejo, uno de los lugares más queridos por la Orden de San Agustín y, desde hace décadas, también por Robert Francis Prevost, hoy Papa León XIV.
Su relación con este santuario no comenzó con su elección como Pontífice. León XIV acudía a Genazzano desde sus años de formación como joven agustino en Roma y continuó visitándolo posteriormente como sacerdote, prior general de la Orden y cardenal. Por ello resultó especialmente significativo que, apenas dos días después de ser elegido Papa, el 10 de mayo de 2025, eligiera precisamente este santuario para realizar su primera salida pública fuera del Vaticano.
El vínculo quedó todavía más patente este 7 de septiembre de 2026, cuando regresó a Genazzano para celebrar la Eucaristía en vísperas de la Natividad de la Virgen María. Durante aquella visita se descubrió además un nuevo fresco que representa a León XIV rezando ante la Madre del Buen Consejo, incorporándolo visualmente a una larga historia de Papas peregrinos que han acudido a este rincón del Lacio.
Una pequeña imagen que transformó la historia de Genazzano
La presencia cristiana en este lugar es mucho más antigua que la actual basílica. Está documentada la existencia de una iglesia dedicada a Santa María en Genazzano desde el siglo XIII y la presencia de los agustinos en la localidad desde aquella misma época. En 1356, la familia Colonna, señores de Genazzano, entregó la iglesia a los religiosos de la Orden de San Agustín.
Durante el siglo XV comenzó un proceso de ampliación y reconstrucción del templo. La tradición conserva especialmente el recuerdo de Petruccia, una viuda y terciaria agustina que destinó sus bienes a la renovación de la iglesia. Sus recursos, sin embargo, no fueron suficientes para terminar la obra y llegó a ser objeto de burlas. Según una fuente agustina publicada en 1481, ella mantenía la confianza en que la Virgen y san Agustín ayudarían a completar el templo.

Entonces ocurrió el acontecimiento que cambiaría para siempre la historia de Genazzano.
El 25 de abril de 1467, en una pared de la iglesia apareció una imagen de la Virgen María inclinándose tiernamente hacia el Niño Jesús. La noticia se difundió rápidamente y comenzaron a llegar peregrinos de distintos lugares de Italia. La fama de gracias y prodigios atribuidos a la intercesión de María hizo crecer las peregrinaciones y, con ellas, las limosnas que permitieron continuar las obras de la iglesia y del convento.
Desde entonces, aquella imagen quedó inseparablemente unida al título de Madre del Buen Consejo.
¿De dónde procede la imagen?
A la historia documentada de Genazzano se añadió con el paso del tiempo una tradición muy querida especialmente por los católicos albaneses.

Según esta antigua tradición, la imagen había sido venerada anteriormente en Shkodër —Escútari—, Albania. Ante el avance otomano en los Balcanes durante el siglo XV, habría abandonado milagrosamente aquel lugar y atravesado el Adriático hasta llegar a Genazzano. Dos peregrinos albaneses que la habrían seguido terminaron reconociéndola allí.
No se trata de un acontecimiento que pueda reconstruirse históricamente en todos sus detalles, por lo que es importante hablar de él como tradición piadosa. Sin embargo, su fuerza espiritual ha unido durante siglos a Genazzano con Albania. Hasta nuestros días, la Virgen del Buen Consejo es profundamente venerada por los católicos albaneses y es invocada como Señora de Albania.
Cada 25 de abril, Genazzano recuerda precisamente la llamada “Venida” de la Santa Imagen, mientras que la familia agustina celebra litúrgicamente a Nuestra Madre del Buen Consejo el 26 de abril.
¿Por qué “Madre del Buen Consejo”?
El título expresa algo muy sencillo y profundamente evangélico: María conduce siempre hacia Cristo.
La espiritualidad agustiniana contempla como una de las expresiones más hermosas del “buen consejo” de María las palabras pronunciadas durante las bodas de Caná: “Hagan lo que Él les diga”. María no se coloca en el centro; orienta al discípulo hacia Jesús.

Por eso, para generaciones de peregrinos, llegar a Genazzano ha significado presentar ante María las decisiones, dificultades e incertidumbres de la vida y pedirle la gracia de saber descubrir la voluntad de Dios.
La propia imagen contribuye a esta sensación de intimidad. La Virgen y el Niño aparecen con los rostros muy próximos, en un gesto de ternura que muestra la profunda unión entre Madre e Hijo. Ante ella han rezado durante siglos peregrinos anónimos, santos, religiosos y numerosos Pontífices.
Un santuario querido por los Papas
Genazzano posee una larga relación con los sucesores de Pedro.
En 1630, el Papa Urbano VIII acudió al santuario en un tiempo marcado por la peste. El beato Pío IX peregrinó allí en 1864 y tuvo una especial devoción por la Virgen del Buen Consejo. También León XIII estuvo profundamente vinculado a esta advocación: favoreció su difusión, incorporó la invocación Mater boni consilii —Madre del Buen Consejo— a las Letanías Lauretanas y en 1903 elevó el santuario a la dignidad de basílica menor.

En tiempos más recientes, san Juan XXIII visitó Genazzano el 25 bde agosto de 1959, confiando a María la preparación del Concilio Vaticano II y la paz del mundo. San Juan Pablo II acudió el 22 de abril de 1993, poco antes de emprender un viaje apostólico precisamente a Albania.
Entre los santos que peregrinaron ante la imagen se cuentan también figuras como san Alfonso María de Ligorio, san Pablo de la Cruz, san Juan Bosco y san Luis Orione, entre otros. El santuario conserva además los restos del beato agustino Stefano Bellesini, quien fue párroco de Genazzano y murió en 1840 después de dedicarse al cuidado de los enfermos durante una epidemia.
La Virgen que acompañó a Robert Prevost desde su juventud
Para comprender por qué Genazzano ocupa un lugar tan especial en el corazón de León XIV hay que regresar varias décadas, mucho antes de su elección como Papa.
Robert Francis Prevost pertenece a la Orden de San Agustín, en cuya espiritualidad la devoción a la Madre del Buen Consejo está profundamente arraigada. Su propia provincia religiosa en Estados Unidos, con sede en Chicago, lleva precisamente el nombre de Nuestra Madre del Buen Consejo.

Cuando Prevost llegó a Roma durante sus años de formación, a comienzos de la década de 1980, comenzó a visitar Genazzano. No fue una devoción pasajera: regresó numerosas veces a lo largo de su vida y también lo hizo cuando ejercía como prior general de la Orden de San Agustín. Incluso el 25 de abril de 2024, poco más de un año antes de convertirse en Papa, celebró allí la Eucaristía en la fiesta de la Madre del Buen Consejo.
Por eso, cuando fue elegido sucesor de Pedro el 8 de mayo de 2025, uno de sus primeros gestos personales fue regresar a aquel lugar. Solo dos días después de su elección, León XIV salió del Vaticano rumbo a Genazzano. Ante la Virgen que había acompañado buena parte de su vocación, quiso encomendar también el comienzo de su pontificado.

En el libro de peregrinos dejó escrito que la Madre del Buen Consejo lo había acompañado durante toda su vida con su presencia maternal, su sabiduría y su amor por Cristo, y terminó confiándole su nueva misión.
León XIV vuelve a Genazzano
Poco más de un año después, el 7 de septiembre de 2026, León XIV regresó nuevamente al santuario.
Lo hizo en la víspera de la Natividad de la Santísima Virgen María, para presidir la celebración de la Eucaristía. En su homilía recordó expresamente aquella primera visita de mayo de 2025 y volvió a hablar de Genazzano como el lugar mariano que lo ha acompañado durante toda su vida.
En esta ocasión realizó además varios gestos cargados de significado. El Papa entregó a la Madre del Buen Consejo una Rosa de Oro, recuperando así un gesto que ya había realizado en 1431 el Papa Martín V, nacido precisamente en Genazzano.

Pero hubo otro momento que quedará visible para los futuros peregrinos que entren en la basílica. Antes de la Misa, León XIV descubrió un nuevo fresco que lo representa rezando ante la imagen de la Virgen del Buen Consejo. La obra, realizada por el pintor Marco Innocenzi, continúa una tradición de la capilla donde también aparecen otros Pontífices vinculados al santuario, entre ellos Urbano VIII, Pío IX, Juan XXIII y san Juan Pablo II.
Desde septiembre de 2026, por tanto, quien peregrine hasta Genazzano encontrará también la figura de León XIV incorporada a la historia visible de este lugar.
Un lugar para pedir consejo antes de continuar el camino
Genazzano no posee las dimensiones de otros grandes santuarios marianos de Europa. Quizá ahí radique parte de su encanto. Es un santuario recogido, estrechamente ligado durante siglos a la espiritualidad agustiniana y a una sencilla imagen de María que continúa atrayendo peregrinos.
Para quien visita Roma, acercarse hasta aquí permite además descubrir una devoción mariana menos conocida fuera de Italia y comprender mejor una dimensión muy personal del actual Pontífice.
León XIV acudió allí cuando todavía era un joven religioso; regresó como sacerdote y superior de los agustinos; volvió apenas dos días después de convertirse en Papa y nuevamente en septiembre de 2026 para confiar a María las esperanzas y sufrimientos de la humanidad.
Quizá esa sea también la mejor forma de comprender qué significa peregrinar a la Madre del Buen Consejo: detenerse un momento en el camino, poner ante María aquello que necesitamos discernir y escuchar nuevamente el consejo que ella dejó a los servidores de Caná y que sigue ofreciendo a cada peregrino:
“Hagan lo que Él les diga”.

