Cada 13 de junio, la Iglesia celebra con gran alegría la fiesta de san Antonio, uno de los santos más queridos de la cristiandad. Pero si alguna vez te has preguntado por qué en Portugal lo llaman “San Antonio de Lisboa” y en el resto del mundo “San Antonio de Padua”, no estás solo. Esta confusión es común… y comprensible. Después de todo, ambos nombres son ciertos y reflejan distintas etapas de su extraordinaria vida.
De Lisboa al mundo: los primeros pasos del santo
San Antonio nació en Lisboa, Portugal, en el año 1195. Su nombre de pila fue Fernando Martim de Bulhões e Taveira Azevedo. Ingresó muy joven a la Orden de San Agustín, donde comenzó una profunda formación en las Sagradas Escrituras. Más tarde, continuó sus estudios en el monasterio de Coímbra, uno de los centros intelectuales más importantes de la época.

Fue allí, en 1220, donde su vida dio un giro decisivo. Llegaron a la ciudad los restos de cinco misioneros franciscanos martirizados en Marruecos. El testimonio de su fe hasta el extremo impactó profundamente a Fernando, quien decidió dejar la orden agustiniana para ingresar a la Orden de los Hermanos Menores —recién fundada por san Francisco de Asís— tomando el nombre de Antonio.
Padua: la cumbre de su misión franciscana
En 1221, participó en el célebre Capítulo de Asís, donde conoció personalmente a san Francisco, quien, al descubrir su inteligencia, humildad y pasión por el Evangelio, le pidió que se dedicara a la predicación y a la formación teológica de los frailes. San Antonio se convirtió así en uno de los grandes predicadores de su tiempo, combatiendo con firmeza las herejías y evangelizando con celo apostólico y profunda espiritualidad.

Pasó sus últimos años en Italia, especialmente en la ciudad de Padua, en la región del Véneto, donde murió el 13 de junio de 1231, a la edad de 36 años. Fue canonizado apenas un año después por el papa Gregorio IX, quien al escucharlo predicar lo llamó “Arca del Testamento” por su sabiduría y santidad. En 1946, fue proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Pío XII.
Dos santuarios, una misma devoción
Hoy, dos ciudades marcan con especial intensidad la huella de san Antonio: Lisboa, donde nació, y Padua, donde descansan sus restos. Por eso en Portugal se le conoce como “San Antonio de Lisboa”, mientras que el mundo entero lo venera como “San Antonio de Padua”. En Lisboa, se puede visitar la iglesia construida sobre el lugar de su casa natal, donde fue bautizado.


En Padua, se levanta la impresionante Basílica de San Antonio, terminada a inicios del siglo XIV, declarada basílica pontificia. Su arquitectura, de ocho cúpulas bizantinas, combina elementos románicos, góticos y barrocos. Dentro de ella, los peregrinos pueden visitar la Capilla del Arca, donde está enterrado su cuerpo y la Capilla de las Reliquias, que conserva, entre otras, su mentón y su lengua incorrupta, considerada símbolo de su predicación.

El santo del lirio y del Niño Jesús
San Antonio es representado frecuentemente con un lirio, símbolo de su pureza, o con el Niño Jesús en brazos, evocando una experiencia mística que tuvo mientras rezaba, cuando el Señor se le manifestó en forma de un niño. Estos atributos lo hacen fácilmente reconocible en miles de iglesias alrededor del mundo, donde se le invoca por las causas imposibles, la pérdida de objetos o para pedir ayuda en necesidades urgentes del alma y del cuerpo.

¿Cómo visitar alguno de estos santuarios?
En las rutas de peregrinación de Santuarios Marianos es común llegar a Lisboa, capital portuguesa y celebrar la Eucaristía en la casa natal de San Antonio. Después se prosigue a Fátima. Para visitar Padua, la ruta de Italia Espiritual o Ruta Franciscana te ofrecen la oportunidad de conocer la majestuosa Basílica de San Antonio en Padua y muy cerca está Venecia. Ambos santuarios son una experiencia que conecta la historia, la fe y la devoción viva de tantos peregrinos que siguen acudiendo a San Antonio.
Por último, no puedo dejar de mencionar que San Antonio es patrón de la Custodia Franciscana de Tierra Santa. Felicidades a nuestros hermanos franciscanos de la Custodia en la fiesta de su santo patrón. ¡Pedimos su intercesión por la paz en la Tierra del Señor!

