Como nos dice San Lucas, después del Anunciación, la Santísima Virgen “se levantó y se puso en camino de prisa, hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel” (Lc.1, 39-40). La tradición nos dice que fue en Ein Karen, que significa «Fuente del viñedo», pequeña ciudad a las afueras de Jerusalén, donde se dirigió María para ayudar a su prima que se encontraba, en cinta de Juan el Bautista.
En Ein Karen, Zacarías, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo el cántico del “Benedictus” (Lc.1, 68-79) y el mismo Espíritu, también aquí, puso en boca de Santa Isabel, la segunda parte del Avemaría, la oración mariana por excelencia: “Bendita tú entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre” (Lc. 1, 42). Aquí, la Santísima Virgen como respuesta a este saludo, humilde cantó, el maravilloso himno del Magníficat (Lc. 1, 46-55)

Dice San Lucas en su evangelio, que “Habiendo concebido Isabel, cinco meses estuvo sin salir de casa (Lc. 1, 24). Estuvo retirada en la gruta-casa de Zacarías en lo alto de la montaña. Aquí se habría encontrado con la Santísima Virgen que “permaneció con ella uno tres meses y volvió a su casa” (Lc. 1,56).

El lugar de este encuentro, venerado ya por los primeros cristianos, es hoy la Iglesia de la Natividad de San Juan el Bautista. Los cruzados en el siglo XII dividieron estos acontecimientos en dos momentos y santuarios: la casa de Zacarías e Isabel en el pueblo o Santuario de la Natividad de San Juan Bautista y el Santuario de la Visitación y el Magníficat, que nos señala el lugar de la casa gruta de la montaña donde se habría retirado Isabel los primeros meses de su embarazo y se habría realizado ese encuentro tan iluminado con la Santísima Virgen.
En el Santuario de la Visitación y el Magníficat que los franciscanos compraron en 1679, se encontraron restos de una iglesia del tiempo de los cruzados. Y, en las excavaciones que se realizaron en 1900, salieron a la luz una cueva, un pozo, que indicaba la presencia de la casa de una familia adinerada y una piedra que nos hace alusión a la montaña que habría protegido a Juan el Bautista e Isabel, su madre, en la huida de la matanza de los niños inocentes.
El actual Santuario encontramos dos plantas:

La planta inferior, con una capilla donde se encuentra la cueva con el pozo, la piedra y tres grandes frescos que nos recuerdan, el sacrificio de Zacarías en el templo (Lc. 1, 5-22); el encuentro de las dos mujeres embarazadas, porque para Dios nada es imposible (una joven y virgen y la otra anciana y estéril. Lc.1, 39-56); y la huida de Santa Isabel (proto evangelio de Santiago).
En la planta superior, una hermosa Iglesia del gran arquitecto de Tierra Santa, Antonio Barluzzi, consagrada en 1955, donde toda la decoración acompaña a María en su canto del Magníficat y se encuentran frescos que además de recordarnos los hechos que sucedieron aquí, nos presentan los distintos títulos y dogmas marianos.


