Cada 20 de enero, en la Iglesia celebramos a San Sebastián, soldado romano y mártir, cuyo testimonio de fe quedó grabado para siempre en uno de los lugares más antiguos y elocuentes del cristianismo primitivo: la Basílica de San Sebastián Extramuros, construida sobre las catacumbas de la Vía Apia.
1. San Sebastián: soldado del Imperio y soldado de Cristo
Sebastián nació en Narbona y fue educado en Milán, dentro de una familia noble y militar. Llegó a ser capitán de la Guardia Pretoriana, gozando de la confianza del emperador. Vivió su fe en silencio, sin participar en cultos idolátricos, alentando a cristianos perseguidos y encarcelados.

2. Un martirio vivido en dos etapas
Descubierta su fe, fue condenado a morir asaeteado, dándolo por muerto. Milagrosamente sobrevivió y fue cuidado por la cristiana Irene de Roma. Lejos de huir, Sebastián regresó a denunciar la persecución contra los cristianos. Esta vez fue azotado hasta la muerte y su cuerpo arrojado a un lodazal, antes de ser rescatado y sepultado cristianamente.

3. Enterrado “ad catacumbas”, junto a la Vía Apia
El cuerpo de San Sebastián fue sepultado en esta necrópolis subterránea a finales del siglo III. Desde entonces, el lugar se convirtió en destino de veneración, dando nombre definitivo tanto a las catacumbas como a la basílica.

4. Aquí nació la palabra “catacumba”
El término catacumbas proviene del latín catacumbas (“cavidades”) y designaba originalmente este lugar concreto, excavado en antiguas canteras de puzolana. Más tarde, el término se extendió a otros cementerios cristianos subterráneos.

5. De necrópolis pagana a cementerio cristiano
Este sitio refleja una auténtica revolución cristiana: de la necrópolis (ciudad de los muertos) al cementerio (koimeterion, “lugar de descanso”). Aquí se encuentran tumbas mixtas —urnas paganas y sepulturas cristianas— testimonio del paso de la incineración a la sepultura corporal, en espera de la resurrección.

6. San Pedro y San Pablo fueron venerados aquí
Una antigua tradición sostiene que las reliquias de Pedro y Pablo fueron custodiadas temporalmente en este lugar durante las persecuciones del siglo III. En la Triclia, una sala subterránea, aún pueden leerse grafitis de peregrinos antiguos: “Petre, Pauli, in mente habete nos” (“Pedro y Pablo, acuérdense de nosotros”).

7. Una basílica constantiniana convertida en santuario martirial
El emperador Constantino mandó edificar aquí en el siglo IV la Basílica Apostolorum, en honor a los apóstoles. Con el tiempo, el culto a San Sebastián prevaleció, y la iglesia tomó su nombre. Fue restaurada profundamente en el siglo XVII y confiada definitivamente a los Franciscanos en el siglo XIX, quienes la custodian hasta hoy.

8. Arte, mística y peregrinación
En su interior se veneran reliquias del mártir, una célebre escultura de San Sebastián y el “Salvator Mundi”, última obra de Gian Lorenzo Bernini, recuperada en 2001. Además, la basílica forma parte del Camino de las Siete Iglesias, promovido por San Felipe Neri, quien rezaba aquí y vivió una profunda experiencia mística.

Un lugar donde late el corazón de Roma
Caminar por las catacumbas de San Sebastián es descender a las raíces de la fe: túneles, frescos, inscripciones y silencios que hablan de esperanza, comunión y resurrección. No es solo arqueología: es memoria viva de la Iglesia naciente. Para todo peregrino, San Sebastián Extramuros no es una parada más, sino un encuentro con el cristianismo en su forma más pura y valiente.

