Cuando llegas a Tierra Santa, además de recorrer el evangelio, respiras un aire franciscano. Me atrevo a decir que cuando peregrinas a Tierra Santa llegas también a Tierra Franciscana. Es que los hermanos del extraordinario San Francisco custodian desde hace 805 años la mayoría de los santuarios que guardan los recuerdos de la vida de Jesús; con ellos también acompañan a la comunidad cristiana que ahí vive y celebra su fe.
San Francisco de Asís viajó a Oriente, donde permaneció varios meses entre el año 1219 y 1220. En Egipto se encontró con el sultán Malek-el-Kamel. Aquel encuentro significó el comienzo de un nuevo espíritu en las relaciones de la Cristiandad con el islam, en un ambiente de diálogo y comprensión que el Santo inculcó en su Regla.

De acuerdo con la tradición San Francisco, en dicho viaje, pisó Tierra Santa. Sin embargó se sabe que el Santo no pudo cumplir su deseo de visitar los Santos Lugares que Cristo santificó con su vida y su muerte. Sin embargo, aún en vida del Santo, en el Capítulo General de 1217 se dividió la Orden Franciscana en Provincias. Ahí se instituyó, como expresión de su voluntad y de su ilusión misionera respecto a los Santos Lugares, la Provincia de Tierra Santa.
La presencia franciscana en Tierra Santa, que con diversas vicisitudes siempre ha permanecido allí, adquirió estabilidad y carácter oficial de parte de la Iglesia en el año 1342, cuando el papa Clemente VI promulgó las Bulas «Gratias agimus» y «Nuper carissimae», en las que encomendaba a la Orden Franciscana la «custodia de los Santos Lugares».

Desde 1333 los frailes estaban establecidos en el Cenáculo, junto al que habían fundado un convento, y oficiaban en la basílica del Santo Sepulcro. Todo ello había sido posible gracias a la generosa ayuda de los reyes de Nápoles, Roberto de Anjou y Sancha de Mallorca, que habían comprado a los musulmanes el lugar del Cenáculo en el Monte Sion y pagado por el derecho a oficiar en el Santo Sepulcro.
Actualmente la Custodia tiene su sede oficial en el convento de San Salvador en la misma Jerusalén, pero el Custodio sigue ostentando el título de entonces: «Guardián de Monte Sion». Su actual Custodio es Fray Francesco Patton.

Los franciscanos custodian los santuarios cristianos, manteniendo el servicio litúrgico en los mismos y acogiendo espiritualmente a los peregrinos que llegan de todo el mundo, a muchos de los cuales guían en diversas lenguas. Para facilitar esta acogida se ha creado una Oficina de Peregrinos y un Centro Cristiano de Información.
Según la última estadística viven y trabajan en la Custodia más de 300 franciscanos, provenientes de 30 naciones. Esta internacionalidad ha sido y sigue siendo una de las características constantes de la Custodia a través de su historia, ya que es una misión abierta a todos los franciscanos del mundo, y, en su legislación, la Orden Franciscana estimula a que todas las Provincias envíen algún hermano a Tierra Santa.

Hasta el año 1847 los franciscanos eran los únicos pastores de las iglesias locales de rito latino, a las que siguen atendiendo en numerosas parroquias y obras educativas, sociales y culturales. Ellos acompañan en la vivencia y celebración de la fe a los cristianos de Tierra Santa que son las piedras vivas del Evangelio.
Encomendemos en nuestras oraciones a los frailes de la Custodia y la gran misión que tienen en Tierra Santa. También es nuestra correspondencia está el ayudarles en sus obras que tanto bien hacen por los cristianos, locales y peregrinos. A nuestros amigos frailes, los que conocemos durante las peregrinaciones y los que aún no, ¡muchas gracias por su amor y entrega a Tierra Santa!

