Los siete frutos bíblicos que vemos en una peregrinación en Tierra Santa

El evangelio del Domingo 27 de febrero (VIII del Tiempo Ordinario) nos presenta a Jesús pronunciando la parábola del árbol y sus frutos. Menciona dos de los frutos que son importantes en el judaísmo desde el Antiguo Testamento y que hoy están presentes cuando vas a una peregrinación a Tierra Santa. En esta entrada te platicaremos más.

La parábola del Árbol y sus frutos aparece así en el evangelio de San Lucas (6,39-45): “Un buen árbol no da frutos podridos, ni un árbol podrido da frutos buenos. Porque cada árbol se conoce por su propio fruto. Porque la gente no recoge higos de los espinos, ni recoge uvas de las zarzas”

Desde que Dios sale al encuentro de Moisés en la zarza ardiente para que libre a su pueblo de la esclavitud de Egipto, promete llevarlos a la Tierra de la que mana leche y miel (Éxodo 3,17), es decir, que será abundante. Casi por llegar a aquella Tierra, Moisés por mandato de Dios envía a algunos hombres para que la exploren, vieran si era fértil y trajeran algunos de sus frutos. Aquellos hombres le llevaron al pueblo uvas, granadas e higos, era tal la cantidad que entre dos hombres debían cargarlo con un palo (Números 13, 23).

Mosaico en la Sinagoga de Huqoq, presenta a los espías de Moisés.

Finalmente, Dios introduce a su pueblo a la Tierra Prometida “tierra de trigo y de cebada, de viñas e higueras, de granados y olivos, tierra de aceite y miel” (Deuteronomio 8,8). Estos siete frutos formaron parte de las fiestas judías. Quizá la más importante es la fiesta de “Sahvuot” también llamada “Fiesta de las Cosechas” o “Fiesta de las Primicias”. Era una fiesta religiosa y agrícola. Celebraban cuando Dios había entregado la ley a Moisés en el Sinaí, pero también la llegada de las primeras cosechas, que eran ofrendadas en el Templo (Levítico 23, 9-10).

Trigo, cebada, granada, dátiles, uvas higos y aceitunas son los siete frutos bíblicos

Cuando peregrinamos en Tierra Santa vemos sembradíos de algunas de las siete especies o frutos. Cerca de Jericó, por ejemplo, palmeras datileras. Puedes incluso comprar de estos dátiles y llevarlos a casa. En el Valle de Jezreel, que vemos desde el Monte Tabor, vemos los extensos sembradíos de trigo y otras plantas. Qué decir de los olivos que vemos en el Monte de los olivos en Jerusalén.

Palmeras datileras en el camino a Jericó

Incluso las siete especies forman parte de la gastronomía que comemos en Tierra Santa y que podemos degustar. Las olivas o aceitunas no faltan a la mesa junto al pan pita hecho de harina de trigo. Tampoco los jugos de granada que ofrecen en diversos lugares. El vino fruto de la uva, lo probamos en Caná. En algunos lugares venden también los higos deshidratados. En fin, la experiencia de peregrinar es tener contacto con la Tierra de la Biblia en todos los sentidos.

En los mercados de Jerusalén

Una vez más, como hemos dicho en otras entradas, peregrinar a Tierra Santa es tener la experiencia del Evangelio en todos los sentidos, es tocar, es ver, es escuchar y hasta probar lo que narra la Biblia.

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