Tierra Santa es una peregrinación extraordinaria porque literalmente “te atrapa en todos los sentidos”. Y es que, caminando la Tierra de Jesús, no sólo tocas…también ves, escuchas… ¡hasta hueles y pruebas lo que narra el Evangelio!
El Evangelio que escuchamos en el quinto domingo del tiempo ordinario (Lucas 1, 5-11), narra precisamente una pesca milagrosa acontecida en el Mar de Galilea. Simón; después Pedro; junto a sus compañeros Santiago y Juan, habían echado las redes toda la noche y no habían pescado nada.
Jesús los alienta a echar de nuevo las redes. Y aunque Simón no parece convencido, al final confía. La pesca fue tal, que necesitaron ayuda de otra barca para sacar tanto pescado. Pedro a los pies de Jesús declara: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.» Jesús lo conforta y le da una nueva misión: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Como este relato, encontramos otros en el evangelio relacionados con peces y Pedro. Recordarás quizá cuando Jesús ordena a Pedro sacar una moneda de un pescado para pagar el impuesto; o la otra pesca milagrosa después de la Resurrección de Cristo. En ese pasaje comen juntos el pescado. Después Jesús confirma la misión de Pedro. «apacienta mis ovejas.»
El Mar de Galilea no es precisamente un mar de agua salada, sino un lago de aguas dulces. En él habitan 20 especies diferentes de peces. Diez de estas especies son las que se consumen. La más común es el musht o tilapia de Galilea. «Musht» en árabe signfica “peine”. Precisamente porque esta tilapia tiene una aleta dorsal con esta forma. Probablemente esta especie era la que pescaba Pedro y los apóstoles para comercializarla en las aldeas cercanas.

Cuando comemos en alguno de los restaurantes alrededor del Lago de Galilea precisamente nos ofrecen esta especie de tilapia. En la carta aparece como el “Pez de San Pedro”. Tiene pocas espinas y es muy carnosa. Lo ofrecen frito, sea entero o en filetes. Lo acompañan con el famoso pan de pita y guarniciones variadas de verduras. De postre no pueden faltar unos frescos dátiles, también tradicionales de Tierra Santa.
Como decíamos al principio, una peregrinación a Tierra Santa es una oportunidad de literalmente “vivir el Evangelio”. Me alegra tanto ver a los peregrinos sentados, compartiendo sus experiencia de vida y de la peregrinación, de su encuentro con Dios…mientras comen este delicioso platillo. Así sería también la fraternidad que vivían en cada cena Jesús y los apóstoles junto al Mar de Galilea.




