En cada peregrinación siempre recibimos de Dios más de lo que nosotros pudiéramos dar. Dios “no se deja ganar” en bendiciones, dones y gracias. Él da gratuitamente. En mi experiencia peregrinando, veo que cuando tenemos ciertas actitudes, estas nos ayudan a ser más receptivos y consientes de cómo Dios nos sale al encuentro de muchas formas. Te quiero compartir algunas de estas actitudes:
Puntualidad
La puntualidad es respetar el tiempo de los demás. Todo a su tiempo, según nos indiquen los responsables de la peregrinación, el guía, el sacerdote o el tour conductor que nos acompañan. Así alcanza el tiempo para conocer y explicar el santuario. Para la oración personal o hasta para hacer compras. La puntualidad crea un ambiente de respeto y sana convivencia. Junto a la puntualidad es importante dar prioridad a cada actividad de la peregrinación. Y nuestro mayor prioridad debe ser encontrarnos con Dios. Si es así entonces nos damos tiempo para orar, meditar, contemplar…. ¿Por qué no empezamos desde ahora dando prioridad a nuestro tiempo?

Paciencia ante todo
En una peregrinación, como en la vida diaria, no dejamos de estar sujetos a imprevistos. Que el vuelo se atrase o que haya una fila larga para entrar a un santuario, por poner solo algunos ejemplos. Ante estas circunstancias, la paciencia será la mejor actitud y con ella el abandono en Dios. La peregrinación nos recuerda que no tenemos el control de todo. Pero que ante lo que está fuera de nuestras manos, queda esperar con paciencia y darle un sentido profundo. Así, esa fila larga, el cansancio o la espera habrán valido la pena. Para ahondar en el sentido de expiación e indulgencia en una peregrinación te recomiendo leer el artículo «Expiación e indulgencias», dando clic aquí.

Escuchar con atención
La escucha es una actitud muy importante en la peregrinación. Nos permite conocer mejor los lugares que estamos visitando, a través de las explicaciones de los guías; o a entender y seguir las indicaciones que nos da el responsable del grupo. Necesitamos también escuchar atentamente desde el interior, a Dios, su Palabra o nuestra voz de la conciencia en la que Dios también nos habla. Pero para escuchar hay que aprender también a guardar silencio. Si te cuesta trabajo el silencio, puedes comenzar a practicarlo desde antes de tu peregrinación. ¿Por qué no intentas hacer de vez en cuando tus actividades sin música o sin tener encendido el televisor?

Dejarse sorprender
La peregrinación es una oportunidad de renovar nuestra fe. Pero creo que es importante dejarse sorprender. Ante ese hermoso paisaje, ante la majestuosidad de un santuario, ante aquello que no estaba en el itinerario pero se nos dio…o al escuchar de nuevo el Evangelio que quizá nos sabemos de memoria. Se sorprende aquel que no espera algo. Y en la vida espiritual, también debemos dejar la lógica de dar para recibir y pasar a la lógica de dar sin esperar, para que el Señor nos sorprenda con los que sea que Él nos quiere regalar. Así el Evangelio se hace novedad en nuestra vida.
Alegría
Cito las palabras de San Juan Pablo II “Quien verdaderamente cree que Jesús es el Verbo Encarnado, el Redentor del Hombre, no puede menos de experimentar en lo íntimo un sentido de alegría inmensa, que es consuelo, paz, abandono, resignación, gozo… ¡No apaguéis esta alegría que nace de la fe en Cristo crucificado y resucitado! ¡Testimoniad vuestra alegría! ¡Habituaos a gozar de esta alegría!”. En nuestra peregrinación estamos renovando precisamente nuestra fe en Cristo…no podemos sino gozar de esta alegría cristiana de sabernos amados y salvados por Él.

Esperamos que esta entrada te sirva para tu próxima peregrinación. Por favor compártelo a quienes también pueda ser útil esta información. No olvides suscribirte a nuestro blog para recibir todo respecto a las peregrinaciones.

