El año 2025 es particularmente significativo para la Iglesia: celebramos el Jubileo convocado por el Papa Francisco como un tiempo de gracia, reconciliación y renovación espiritual. Además, este año, la Pascua católica y la ortodoxa —que normalmente se celebran en fechas distintas debido a calendarios diferentes— han coincidido en un mismo domingo, un signo esperanzador de unidad entre los cristianos.

En este contexto providencial, se conmemoran también los 1700 años del Primer Concilio Ecuménico de Nicea, celebrado en el año 325. Con este motivo, el Papa León XIV viajará en este año precisamente a esta tierra, en un gesto cargado de significado ecuménico al encontrarse con el Patriarca Bartolomé I, líder de la iglesia Ortodoxa. Antes de la muerte del Papa Francisco estaba previsto este viaje a finales de mayo, pero está por definirse si será en ocasión de la fiesta de San Andrés, en noviembre. Esta visita recordará la importancia de Nicea no solo como un hito doctrinal, sino como símbolo de comunión y diálogo entre las Iglesias.

El papa Francisco expresó a Bartolomé I en 2024 , su deseo de celebrar juntos el 1,700 aniversario del Concilio de Nicea

¿Que es un Concilio? y ¿Por qué se le llama Concilio ecuménico?

Para comprender sobre el tema, es importante aclarar lo que es un Concilio: una reunión o asamblea de autoridades religiosas, generalmente efectuada por la Iglesia Católica Romana u Ortodoxa, para deliberar o decidir sobre las materias doctrinales, disciplinares y sociales, con fines pastorales. Se realiza según se presente la necesidad de la Iglesia para tratar un tema en forma colegial.

Hay diferentes concilios, pero el llamado “concilio ecuménico”, (proviene del griego οἰκουμένoν, que significa: mundo), es una de las asambleas más importantes para la Iglesia Católica, convocada para reconocer la verdad en materia de doctrina o de práctica y después proclamarla.

Los Concilios ecuménicos hasta ahora son numerados del I al XXI, y se dividen en dos grupos: griegos y latinos, según hayan tenido lugar en Oriente u Occidente. Los concilios griegos fueron convocados por los emperadores de la época, que los presidieron generalmente, y los concilios latinos fueron convocados por los Papas.

¿Por qué es importante el Concilio de Nicea?

El primer concilio ecuménico, se llevó a cabo en Nicea, con aproximadamente 300 obispos, según la tradición el 20 de mayo al 25 de julio del año 325, convocado por el emperador romano Constantino I, quien estuvo presente, y presidido por el Obispo Osio de Córdoba, que actuó en representación del Papa. En esta asamblea se formuló la primera parte del Símbolo de fe, conocido como el Credo Niceno, definiendo la divinidad del Hijo de Dios, y se fijaron las fechas para celebrar la Pascua.

La controversia que existía entre los eruditos de la época, era la predicación sobre la humanidad y divinidad de Jesús. Desde el año 318, “Arrio” (un sacerdote que negaba la verdadera divinidad de Jesucristo) se había opuesto a su obispo Alejandro de Alejandría. La postura de Arrio y otros sacerdotes como Eusebio de Cesarea, Eusebio de Nicomedia, era que: Jesucristo no era más que una criatura, aunque muy excelsa y eminente, y que no era de naturaleza divina, pero la mayoría de los obispos notaba que esa doctrina traicionaba la fe recibida de los Apóstoles.

En el Concilio Ecuménico de Nicea se formuló la primera parte del Credo que hasta hoy rezamos en la liturgia y en las peregrinaciones

Para evitar graves confusiones los Padres Conciliares decidieron redactar, sobre la base del credo bautismal de la iglesia de Cesarea, un símbolo de fe que reflejara de modo sintético y claro la confesión genuina de la fe recibida y admitida por los cristianos desde los orígenes. Por esto decimos en el credo que: “Jesucristo es «de la substancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no hecho, homoousios tou Patrou (consustancial al Padre)”.

Todos los Padres Conciliares, excepto dos obispos, ratificaron ese Credo, el Símbolo Niceno, el 19 de junio del año 325. Además, en Nicea se fijó la fecha de celebración de la Pascua en el primer domingo después del primer plenilunio de primavera, siguiendo la praxis habitual en la Iglesia de Roma y en muchas otras.

¿Por qué se conmemora el Concilio de Nicea en Turquía?

Nicea, hoy conocida como Iznik, estuvo situada en la región de Anatolia, en el noroeste de la actual Turquía. Este país, que hoy en día tiene mayoría musulmana, fue en los primeros siglos del cristianismo una tierra fértil para la fe. Aquí florecieron las primeras comunidades cristianas fundadas por San Pablo y sus discípulos, se escribieron las cartas paulinas, y también surgieron figuras fundamentales como los Padres de la Iglesia y numerosos mártires.

Ciudades como Éfeso, Antioquía, Tarso, y las mencionadas en el libro del Apocalipsis, forman parte de un territorio que conserva el eco de la Iglesia naciente. Turquía no es solo un destino cultural o arqueológico: es tierra santa para los cristianos, donde aún se puede seguir la Ruta de San Pablo, que también podríamos llamar la Ruta de la Iglesia Primitiva. Peregrinar por estos lugares es volver al corazón del cristianismo y a sus raíces apostólicas.

Peregrinos en las ruinas de la Basílica de Éfeso, donde se celebró el concilio que definió el dogma de la maternidad divina

1700 años: una misma fe

A 1700 años del Concilio de Nicea, el eco de aquella asamblea sigue resonando en cada celebración eucarística cuando proclamamos nuestra fe con el Credo niceno. La unidad en la fe, la fidelidad a la verdad revelada y el deseo de responder a los desafíos de cada época con claridad y caridad, son lecciones que siguen siendo actuales. En este aniversario, la Iglesia nos invita a mirar con gratitud el pasado, a vivir con convicción el presente y a caminar con esperanza hacia el futuro, firmes en la confesión de que Jesucristo es verdadero Dios. Una fe que no cambia y que siempre se renueva en cada generación.

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