El Viacrucis en la experiencia cristiana y del peregrino.

El próximo Viernes Santo, la liturgia nos invita a meditar en la Pasión de Cristo. El Viacrucis es un acto de piedad que nos introduce a meditar y vivir este misterio central de nuestra fe cristiana. En esta entrada queremos recordarte sobre su origen y sentido espiritual para el cristiano y el peregrino.

El Viacrucis, literalmente significa el “Camino de la Cruz”. Proviene de dos vocablos latinos, “Via” que significa “camino”, y “Crucis” que significa “de la Cruz”. Es un acto piadoso que consiste en acompañar y meditar los momentos dolorosos de la Pasión y muerte de Jesús.

Via Dolorosa en Jerusalén

Como te hemos comentado en entradas anteriores de este blog, el origen del Viacrucis se remonta al siglo IV, cuando los peregrinos que iban a Jerusalén se detenían en cada uno de los lugares de la pasión de Jesús para orar y meditar. A estos “paradas” de los peregrinos se les comenzó a llamar Estaciones. A lo largo de la Historia fueron cambiando en nombre y número, hasta simplificarse en quince estaciones distribuidas en la actual Vía Dolorosa en Jerusalén.

La práctica del Víacrucis se extendió por todo el mundo cuando fue casi imposible llegar a Jerusalén por la ocupación musulmana. El papa Inocencio XI, en 1686, concedió a los franciscanos, que custodian los Santos lugares, hacer las estaciones del Viacrucis al interior de sus iglesias en todo el mundo.

No hay una norma que señale el momento en que deba rezarse el Viacrucis. De hecho, muchas personas lo meditan todos los viernes del año. Así lo hacen los franciscanos en Jerusalén, quienes encabezan el rezo del Viacrucis por la Vía Dolorosa, mientras se unen a ellos cientos de peregrinos.

Peregrinos meditando el Viacrucis en Jerusalén

El tiempo de Cuaresma es propicio para rezar el Viacrucis y prepararnos a celebrar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección. Bien podemos decir que el día por excelencia para rezarlo, es el Viernes Santo. En este día toda la liturgia nos invita precisamente a centrar nuestra atención en estos misterios. En la mayoría de iglesias se medita por la mañana el Viacrucis, mientras que por la tarde se celebran los Oficios de la Pasión del Señor.

El Viacrucis puede rezarse tanto de manera personal como comunitaria y prácticamente en cualquier lugar. Hoy prácticamente en todas las iglesias y santuarios del mundo encontramos las estaciones representadas de diferentes maneras. Algunos solo con una cruz, algunos monumentales como el que podemos contemplar en el Santuario de Lourdes en Francia. Sin embargo, es en Jerusalén donde cada estación se nombra “aquí”. “Aquí Jesús encontró a su Madre”, “Aquí Jesús fue crucificado”.

Viacrucis monumental de Lourdes

El Viacrucis nos adentra en el misterio de Dios que, al compartir nuestra carne, compartió también el sufrimiento humano en su propia pasión y muerte; dando así sentido al dolor, físico y espiritual, que unido a Él es el medio para alcanzar la gloria. El Viacrucis no debe ser únicamente un intento de “representar” el dolor de Cristo en imágenes o escenas, sino una oportunidad de adentrarse en este gran misterio y hacerlo modelo de vida cristiana. ¿Cuál es la cruz que el Señor hoy me invita a llevar? ¿la cargo solo y no darle sentido o la asocio a la de Cristo con la esperanza de la gloria?

El tiempo de peregrinación es un tiempo muy especial de gracia y por el rezo del Viacrucis se puede ganar indulgencia. Prácticamente en todas las peregrinaciones buscamos el momento adecuado para realizar en comunidad este ejercicio piadoso, que nos recuerda el carácter expiatorio de la peregrinación y el centro de la vida del cristiano: la cruz. Así nos lo dijo el Señor: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y que Me siga» (Mateo 16, 24).

Peregrinos llevan su propia cruz acompañando a Jesús en el camino al Calvario

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