Cuatro Santuarios siguiendo las huellas de San Juan Bautista en Tierra Santa

Cada 24 de junio, seis meses antes de la Navidad, la Iglesia celebra el nacimiento de San Juan Bautista. Esta fecha no es casual: según el Evangelio de San Lucas, cuando el ángel Gabriel anunció a María que concebiría al Salvador, también le reveló que su pariente Isabel —ya en el sexto mes de embarazo— esperaba un hijo: Juan. Por eso, la liturgia conmemora su nacimiento exactamente medio año antes del nacimiento de Cristo.

Juan el Bautista es el único santo, además de la Virgen María, cuyo nacimiento se celebra litúrgicamente. Y esto se debe a su papel único en la historia de la salvación. Juan es el “precursor”, el enviado a preparar el camino del Señor. Es el puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Jesús lo llamó «el mayor entre los nacidos de mujer» (cf. Mt 11,11) y el “amigo del Esposo” (cf. Jn 3,29), que se alegra con la llegada del Mesías.

Los Evangelios nos permiten seguir varias etapas de la vida de Juan en Tierra Santa, y aún hoy es posible visitar los lugares donde su recuerdo se mantiene vivo y donde los peregrinos pueden meditar sobre su testimonio de austeridad, fidelidad y valentía.

1. Ein Karem: lugar de su nacimiento

En las colinas al oeste de Jerusalén se encuentra el pintoresco pueblo de Ein Karem, donde según la tradición nació San Juan Bautista. El evangelio de Lucas narra cómo la Virgen María fue a visitar a su prima Isabel a «la región montañosa de Judea», y cómo Juan saltó de gozo en el seno materno al encontrarse con el Salvador aún en el vientre de María (cf. Lc 1,39-44).

Peregrinos en Ein Karem, afuera de la Iglesia de la Visitación

Hoy, en Ein Karem, se puede visitar la Iglesia del Nacimiento de San Juan Bautista, custodiada por los franciscanos, donde una cripta señala el sitio tradicional del nacimiento del Precursor. También se encuentra el Santuario de la Visitación, que recuerda el encuentro entre María e Isabel, con el bellísimo Magnificat inscrito en numerosos idiomas en su patio.

2. Ain el-Habis: San Juan del Desierto

A poca distancia de Ein Karem, en una región desértica de las montañas de Judea, se encuentra una zona llamada Ain el-Habis, que significa “fuente del ermitaño”. Aquí, desde tiempos antiguos, se ha venerado un lugar donde San Juan vivió retirado en penitencia, alimentándose de lo que le ofrecía la naturaleza: saltamontes y miel silvestre (cf. Mt 3,4).

Gruta del Santuario de San Juan en el Desierto

Los primeros monjes cristianos construyeron aquí una ermita rupestre, conocida como San Juan del Desierto. Es un sitio especialmente propicio para el silencio, la oración y la contemplación, donde se revive el espíritu de austeridad y preparación del Bautista.

3. El Río Jordán: lugar del Bautismo de Jesús

Uno de los momentos más importantes del ministerio de Juan fue el bautismo de Jesús en el Río Jordán, cerca de Betania más allá del Jordán. Este evento marca el inicio de la vida pública del Señor y la revelación del misterio trinitario: el cielo se abre, el Espíritu desciende como paloma y la voz del Padre se escucha (cf. Mt 3,13-17).

Peregrinos en el santuario del Bautismo en Al-Maghtas, Jordania

Este lugar, identificado en árabe como Al-Maghtas, en la actual Jordania, y también venerado del como Qasr al-Yahud al oeste del Jordán, es hoy un importante santuario para los peregrinos cristianos. Allí, muchos renuevan sus promesas bautismales, recordando que, como Juan, también nosotros estamos llamados a señalar a Cristo y preparar su camino.

4. Maqueronte: el martirio del Bautista

La vida de San Juan Bautista terminó con el martirio en la fortaleza de Maqueronte, al este del Mar Muerto, en la actual Jordania. Fue encarcelado allí por orden de Herodes Antipas, a quien Juan reprendía públicamente por haber tomado como esposa a Herodías, la mujer de su hermano (cf. Mc 6,17-29).

Peregrinos en Maqueronte

Maqueronte, reconstruida por Herodes el Grande, ofrece hoy a los peregrinos una vista impresionante y sobrecogedora tanto del paisaje desértico de Tierra Santa y del Mar Muerto. Entre sus ruinas, se recuerda el lugar donde el profeta más grande entregó su vida por defender la verdad. Su testimonio sigue resonando: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30).


Un profeta para hoy

Peregrinar tras las huellas de San Juan Bautista es adentrarse en una vida marcada por la escucha, la conversión, la valentía y la humildad. Es una invitación a preparar el corazón para Cristo, a vivir con coherencia el Evangelio, y a ser también nosotros “voz que clama en el desierto” (Jn 1,23). Que esta fiesta nos anime a mirar con nuevos ojos estos lugares santos, y a dejarnos transformar, como Juan, por la presencia del Señor.

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2 comentarios

  1. Gracias Hugo por la maravillosa información, como siempre muy valiosa e interesante, le envio un fuerte abrazo

    1. Gracias por su comentario Silvia! me alegra que sea de provecho. Un cordial saludo y un abrazo!

Responder a Hugo MonterrosasCancelar respuesta

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