¡Hoy celebramos litúrgicamente a los abuelos de Jesús! Santa Ana y San Joaquín, quienes fueron padres de la Virgen María. En este artículo queremos platicarte la historia de estos dos santos y el Santuario donde los recordamos en Jerusalén.

Lo primero que te debes estar preguntando es ¿cómo sabemos quiénes fueron los padres de la Virgen María si en la Biblia no se mencionan? Bueno, esto me lleva a hacer primero un comentario sobre un libro apócrifo que es el “Protoevangelio de Santiago”.

Sé que muchos asocian la palabra “apócrifo” a un sentido negativo. Algunas “leyendas negras” se han encargado de decir que este tipo de libros han sido “ocultados” por la Iglesia para no dar a conocer aspectos de la vida de Jesús. Más bien no son libros revelados por Dios. Se escribieron mucho después de la vida de Jesús. Sus autores no fueron testigos directos o cercanos a otros testigos contemporáneos de Cristo. Firmaron su texto con el nombre de algún apóstol para darle “autoridad”. Por eso son nombrados “pseudo”-Santiago, “pseudo”-Tomas, por decir algunos ejemplos.

Con lo que menciono anteriormente tampoco quiero desprestigiar los textos apócrifos. Por el contrario, algunos de ellos recogen informaciones que han estado presentes en la tradición de la iglesia. Por ejemplo, la fiesta que hoy celebramos de Santa Ana y San Joaquín o en elementos de las imágenes sagradas (principalmente los iconos en el oriente cristiano)

El Protoevangelio de Santiago, también conocido como el Libro de Santiago o el Protoevangelium, es un evangelio apócrifo, escrito probablemente hacia el año 150 y que está centrado en la infancia de la Virgen María y en el nacimiento de Jesús. Recoge escritos como la concepción milagrosa de María, por sus padres Joaquín y Ana.

Narra el texto cómo San Joaquín, un hombre de las doce tribus de Israel, tenía dolor por su edad avanzada y no tener descendientes. A causa de su esterilidad no le fue permitido presentar su ofrenda en el Templo. Así que se retiró al desierto para permanecer en ayuno por cuarenta días y cuarenta noches.

Por su parte Santa Ana, estaba también desconsolada por su esterilidad y por su viudez. En medio de su luto rogaba a Dios que la bendijera sus entrañas como a Sara, la esposa de Abraham que también en su vejez engendró a Isaac. Un Ángel se le apareció y le anuncia que Dios le permitirá concebir. Ana promete que sea mujer o varón, el fruto de sus entrañas sería ofrecido al Señor, para su servicio todos los días de su vida.

Dios cumplió su promesa a Santa Ana y San Joaquín, y ellos también fueron fieles a Dios. Ellos tuvieron la misión de cuidar y educar a María, de enseñarla a orar y servir en el Templo. ¡Dios los eligió para preparar a la futura Madre de Dios! ¡Qué gran misión!

Cuando peregrinamos a Tierra Santa, visitamos en Jerusalén una Iglesia dedicada a Santa Ana. Se encuentra muy cerca de la “Puerta de las ovejas” o “Probática”. Su nombre alude al estanque o piscina, ya mencionada desde el Antiguo Testamento (2Re. 18, 12; Is 7, 3). En esta piscina se lavaban las ovejas antes del sacrificio en el Templo. San Juan nos narra en su Evangelio que sucedió en este lugar, la curación del paralítico (Jn. 5, 1-18).

Restos de la piscina de Bethesda y la iglesia bizantina

Los restos de la piscina y de una iglesia bizantina del siglo V nos atestiguan la existencia del antiguo culto en este lugar. En el siglo XII, sobre esa Iglesia, los cruzados construyeron la que actualmente visitamos y que fue usada como escuela coránica, por los musulmanes. Hoy es custodiada por los padres blancos y goza de una acústica extraordinaria.

Es «clásico» que los peregrinos entonemos un canto a la Virgen en la Iglesia de Santa Ana

Cuando entras a la Iglesia por la puerta principal, hacia la izquierda puedes ver una escultura en marmol que representa a Santa Ana con la Virgen María, infante. Al bajar a la gruta un icono del Nacimiento de María en el que aparecen sus padres, Santa Ana y San Joaquin.

En muchos países y como cristianos, recordamos también a los abuelos. ¡Pedimos a los abuelos de Jesús que intercedan por nuestros abuelos vivos en la gran misión que tienen! ¡Felicidades a todos los abuelos!

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