Queridos peregrinos, en este mes de octubre, conocido en la Iglesia como el mes de las misiones, reflexionamos sobre lo que significa peregrinar no solo como un viaje físico, sino como una misión que transforma nuestras vidas. Los invito a continuar leyendo y descubrir cómo cada paso que damos en nuestro caminar de fe puede convertirse en una misión que da sentido a nuestra vida.
Peregrinar con sentido
Quienes alguna vez hayan peregrinado, no me dejaran mentir de que al peregrinar, nos ponemos en camino hacia un destino, no solo físicamente, sino para descubrir el amor de Dios y, al mismo tiempo, conocernos a nosotros mismos. Peregrinar tiene un sentido y es una respuesta a una llamada.
Cada paso que damos responde a una llamada, un esfuerzo por construir un mundo de paz, justicia y amor. No es un caminar sin sentido, sino un compromiso: ser hombres y mujeres de esperanza, comprometidos en darle cuerpo y corazón a la esperanza del Evangelio, a pesar de los desafíos que enfrentamos hoy en día.

Si en verdad emprendemos un sentido profundo como peregrinos, descubriremos que somos peregrinos llamados a amar, y nuestro caminar debe tener un propósito claro y definido, así después de haber experimentado lo vivido en la peregrinación, ya no podemos volver a ser los mismos de antes, ahora tenemos una gran misión.
¿Cual es esa misión? ¿Acaso debo entregar la vida, o ir a la selva como misionero?, simplemente los laicos debemos dar testimonio desde nuestra propia realidad. Los laicos católicos debemos actuar en coherencia con nuestra fe y vivir de acuerdo a las enseñanzas de Jesucristo en cada momento de su vida. Brillar, ante todo, con nuestro testimonio de su vida, de fe, esperanza y caridad.

Llamados a la Acción
Importa el camino y vale la pena llegar a la meta por la que lo dejo todo para seguir sus pasos, los pasos de Cristo y el comienzo siempre es un éxodo, un salir de mí mismo, un atravesar la puerta de mi casa y ponerme en marcha a lo que me dará verdadera felicidad. Dejar atrás lo que me ata, mi seguridad, mi comodidad. Y dejarme llevar por el sueño que mueve mis pasos.
Cuando Dios elige es para dar una misión, dones son tareas. Por eso, el Señor envía a los apóstoles y les confía una tarea. Y como los doce, toda la Iglesia es una Iglesia apostólica y misionera. La Iglesia, que somos todos los bautizados, no vive para sí misma, sino para ser luz del mundo, para servir a la humanidad entera, para salvar a todos los pueblos.

El mensaje del Papa Francisco es un llamado a la acción. Nos invita a ser peregrinos activos, que no solo oran por vocaciones santas, sino que también trabajan para hacer realidad la esperanza del Evangelio en nuestro mundo.
Peregrinos y misioneros
Convertirse en peregrinos misioneros es tarea de toda una vida, teniendo clara la meta que han de seguir nuestros pasos, dejando detrás el miedo escondido en algún hueco del alma, y despojarse de la pereza y la desidia para poder caminar. Al quitar ese «ropaje» lleno de capas que pesan y no nos dejan ser uno mismo.
Salir es siempre el comienzo, es quizás lo más difícil, el primer paso, porque supone abandonar nuestras seguridades y lugares cálidos en los que se habita seguro. Allí donde puedo ser yo mismo, oculto entre mis muros, donde nadie puede entrar si no se le permite.
Peregrinar es exponernos a la vida, al aire y a todos los que forman parte del camino, nos hace dueño de ese lugar público. Allí donde los riesgos se multiplican y hasta se puede llegar a sufrir, sólo es posible dar el salto cuando hay algo que no se tiene y se ansía, algo que no nos pertenece porque no es nuestro.

Ser peregrino es tener una meta clara y al mismo tiempo concentrarse en el presente, es un viaje que requiere ligereza, despojarse de lo innecesario y luchar contra el cansancio y la incertidumbre. Ser peregrino es una misión, una tarea, es toda una vida de camino. Supone salir y dejar atrás, aquello que no nos edifica. Llevar solo lo que el corazón desea y ama, y tener claro que el equipaje debe ser ligero para poder llegar hasta el final.
Un deseo que se puede colmar sólo fuera de sí mismo, un lugar, un encuentro, una presencia que no se posee y ansía. Entonces la meta tiene un nombre completo que evoca un cielo en el que se proyecta, y sé que llegando a ese lugar tendrán sentido todos los pasos recorridos.
Testimonio de mi misión
Les comparto mis queridos Peregrinos la experiencia que tengo de ser misionero, es y ha sido lo mejor que me pudo haber pasado, como lo digo siempre en mis prédicas, que no solo vale la pena, sino vale la vida entera, que, si volviera a nacer, escogería volver a ser misionero Evangelizador para seguir llevando esperanza y paz, a las personas que viven tristes y no la dan el verdadero sentido a su vida.

Es poder experimentar y sobre todo sentir la presencia y cercanía de Dios, de Jesús y María y guiados por el Espíritu Santo que siempre nos acompaña. Es renovar siempre, en cada momento y en cada lugar el amor tan grande que Dios nos tiene a cada uno de nosotros sus hijos amados, llamados y elegidos a esta misión.

Peregrinar es una gran experiencia de vida para nuestros peregrinos, nuestras familias, para todos los que tenemos la dicha de peregrinar, y ahora una gran misión que seguir y cumplir.

