Uno de nuestros lemas siempre ha sido “viajar y peregrinar no es lo mismo”, y por ello, uno de nuestros principales objetivos, es estar a la altura de una verdadera peregrinación como la tradición de la Iglesia la ha vivido y la ha entendido siempre. Esto nos obliga a no caer en la tentación de, al preocuparnos tanto por las comodidades externas, olvidar que estamos sobre todo ante un ejercicio de FE y reparación.

El peregrino ve, compra, fotografía, descansa, pero cuando ve, ve mucho más allá

El turista visita, ve, compra, fotografía, descansa, come. Llega extasiado a su destino y ya puede poner su palomilla de “visitado”. El peregrino hace todo esto sí, pero cuando visita un santuario, ese lugar se queda en él para siempre; cuando ve, ve mucho más allá; cuando compra sabe a quién ayuda; cuando fotografía busca sobre todo que ese recuerdo y esa imagen se graben en su corazón; cuando come se fortalece para seguir adelante apoyando a los hermanos; descubre que el mayor descanso es estar en paz con Dios y cuando llega a su destino, descubrirá que en realidad su vida ahora, vuelve a comenzar.

En la tradición cristiana, la peregrinación se remonta al Antiguo Testamento. Abraham, obedece el mandato divino, y se dirige a una tierra guiado por una promesa. En el Nuevo Testamento, Jesús peregrina con su familia a Jerusalén. En la Edad Media las cruzadas, pretendían allanar el camino de los peregrinos para que pudieran visitar sin trabas ni impuestos el Santo Sepulcro. Sino todos, la mayoría de los santos a lo largo de la historia, han realizado peregrinaciones a Roma y a los Santos Lugares con sentido de conversión, purificación y devoción. El Camino de Santiago ha sido por más de 1000 años destino de millones de peregrinos que buscan arrodillarse ante la tumba del primer apóstol mártir de Cristo buscando tener su arrojo, convicción y valentía en la vivencia de la FE.

Miles de Cristianos en la historia de la Iglesia han realizado peregrinaciones con sentido de conversión, purificación y devoción.

El peregrinar, apartándonos del día a día, de nuestras cosas, y a veces de la gente que amamos, nos ofrece la oportunidad de encontrarnos o reencontrarnos íntimamente con Dios, pero también con nosotros mismos. Es muy necesario detenernos para revisar profundamente nuestra vida, reconciliarnos con Dios, ver hacia dónde vamos y qué es de verdad lo más importante para cada uno de nosotros. Una verdadera peregrinación nos ofrece unos días maravillosos, para hacer silencio en nuestro interior y escuchar de Dios, cuánto tiene que decirnos.

Pero sobre todo una peregrinación es un ejercicio para crecer y formarnos en la FE. Los hombres insertos en las categorías del tiempo y del espacio, necesitamos ver, oír, tocar, sentir y oler. Nuestra FE nunca ha sido irracional. Y esto Dios lo sabía; por eso inventó para nosotros los sacramentos, y así también la peregrinación que es un medio sensible de la gracia, por medio de la cual Dios nos mueve con verdadera fuerza hacia Él.

Los hombres insertos en las categorías del tiempo y del espacio, necesitamos oír, tocar, sentir…

La historia de la salvación, de la Iglesia y del cristianismo son hermosas. Es la historia de cómo Dios Padre se ha ido acercando cada vez más a los hombres hasta enviar a su Hijo para hacerse uno de nosotros, naciendo en un momento y en un lugar muy determinado de nuestra geografía y de nuestra historia. Pero nadie puede creer en lo que no conoce.

Jesús, Hijo de Dios se ha hizo uno de nosotros, naciendo en un momento y en un lugar muy determinado

Le pido a Dios Nuestro Señor que el sentido de las peregrinaciones nunca se pierda. Que Él repare aquellas intenciones que nos puedan distraer y ponga en nuestro corazón deseos sinceros de encontrarnos más íntimamente con Él en la austeridad, en el silencio y en la caridad.

Que cada peregrinación hoy como ayer sean medio que aumenten la FE de todos los peregrinos. Insistentemente pidamos y arrebatémosle al Corazón de Cristo este don: “Maestro haz que vea” (Mc. 10,51); Señor “Creo pero aumenta mi FE (Mc. 9,24). Sólo así se habrá cumplido el primer objetivo de cada peregrinación.

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