La peregrinación es una experiencia como la del Tabor: llamado, subida y renovación

En la Peregrinación, Dios nos sale al encuentro y nos muestra su divinidad, como lo hizo Jesús en el Monte Tabor ante sus apóstoles. Seguro que como ellos, nuestra vida se transforma para ver nuestra propia vida y el mundo que nos rodea con una nueva mirada de fe.

La peregrinación, como viaje hacia un destino sagrado, ha sido importante en la de la vida espiritual de los cristianos a lo largo de la historia. Como católicos, hemos abrazado la práctica de peregrinar como una forma de profundizar nuestra conexión con Dios, deseando ante todo experimentar una transformación espiritual.

Iglesia de la Transfiguración en el Monte Tabor, Tierra Santa

El Llamado a la Montaña de la Transfiguración

El pasaje de la Transfiguración, narrado en los evangelios sinópticos (Mateo 17:1-9, Marcos 9:2-8, Lucas 9:28-36), nos relata cómo Jesús llevó consigo solo a tres de sus discípulos más cercanos, Pedro, Santiago y Juan, a la cima del Monte Tabor. Allí, los apóstoles presenciaron la transformación de Jesús, quien se mostró en su gloria divina junto a Moisés y Elías.

«Extrañamente» Jesús no tomó a todos los apóstoles para que presenciaran esta revelación. Solo a tres de los doce. Fue un llamado «especial» en el que pareciera elegir a algunos «predilectos», pero sabe por qué los elige quiere fortalecerlos antes de los eventos difíciles que se avecinaban: su Pasión y Muerte. Ver la gloria divina de Jesús podría haberles dado el coraje y la firmeza necesarios para enfrentar su muerte y luego proclamar su resurrección. Jesús los elige también para prepararlos para una misión: estos testigos presenciales podrían transmitir a otros la verdad de que Jesús es el Hijo de Dios, cimentando en ellos la base de la fe cristiana ¡Los está preparando para una gran misión!

Mosaico en la Nave centra de la Iglesia de la Transfiguración en el Tabor

Es lo mismo que los peregrinos experimentan durante la peregrinación. Algunos comparten sus testimonios: que no se imaginaban estar en esos lugares tan sagrados; que creían que eso no era algo para ellos; nisiquiera es que fueran cercanos a Dios o a la Iglesia pero de algún modo Dios los orilló a ir….pero en la experiencia del Tabor, descubren el amor y predilección de Dios hacia ellos. Experimentan el llamado a la Montaña del Tabor

La Peregrinación como Subida Espiritual

En muchos sentidos, la peregrinación es una subida espiritual similar a la experiencia de los apóstoles en el Monte Tabor. Así como los discípulos realizaron un viaje físico hacia la montaña, los peregrinos emprendemos un viaje físico y espiritual hacia cada lugar sagrado: en Tierra Santa, en algún santuario mariano o un lugar de milagro reconocido.

Ninguna subida es fácil, a medida que se sube se atraviesan caminos difíciles, enfrentan desafíos físicos y mentales que reflejan las luchas internas que los apóstoles pudieron haber experimentado en su camino hacia la comprensión de la divinidad de Cristo.

La peregrinación es una «subida» física y espiritual, que no siempre es fácil

La peregrinación es salir de la cotidianidad, de la rutina, aveces de lo vano y sin sentido, para elevarse. Es un continuo «contemplar» como los discípulos, contemplar a Dios fuera de lo que estamos siempre acostumbrados a ver. Contemplar también nuestra propia humanidad fuera de las comodidades y de lo cotidiano, que mucho sofocan nuestra mirada al interior de nosotros mismos.

Peregrinar no siempre es fácil: también hay desafíos, cansancio y muchas distracciones. En la experiencia del peregrino, cuando estos se superan con perseverancia y oración, hay un momento o un lugar cumbre en el que logra contemplar con mayor claridad a Dios: en el que se experimento amado y/o perdonado por Dios, en el que sanó la herida que traía desde hace años, donde redescubrió el sentido de su vida, donde vio que Dios no era alguien ajeno, donde encontró una paz infinita que no había experimentado, donde confirmó lo que por años había creído y vivido…la cumbre de la peregrinación se convierte en un lugar y un momento de revelación.

El Regreso Renovado

En el culmen de la Peregrinación, muchos peregrinos expresan que quisieran que la peregrinación no terminara...quisieran seguir en la experiencia de contemplar. Como aquellos apóstoles que querían hacer tres chozas y quedarse en el Tabor. Lo cierto es que hay que bajar y regresar al mundo…¡pero es un regreso renovado!

Peregrinos celebrando la Eucaristía en la Iglesia de la Transfiguración

Después de su experiencia en el Monte Tabor, los apóstoles regresaron al mundo con una fe renovada y mayor comprensión de la misión de Jesús. Es hasta la bajada del Tabor; cuando la peregrinación termina; que sobreviene después una misión, y también los momentos difíciles, pero que no derriban porque existe la fe sólida y profunda en la Gloria de Dios.

Nos han compartido muchos peregrinos que algunos buscan profundizar más en el conocimiento de Cristo, tomando cursos de biblia, de teología o participando en retiros espirituales. Algunos otros se integran en algún movimiento o apostolado, para hacer vida lo que contemplaron en el servicio. Muchos, regresan a sus actividades, personales, familiares y laborales, con las dificultades que inevitablemente se presentan, pero con una nueva mirada…la de una fe renovada y más sólida en Cristo.

Peregrinos en la Iglesia de la Transfiguración en el Monte Tabor

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