Jaffa o Jope ubicada a orillas del Mar Mediterráneo, fue un puerto importante desde tiempos del Antiguo Testamento. Por aquí llegó la madera del Líbano con la que se construyó el Templo de Jerusalén, tanto el de Salomón (2Cr 2, 16), como el de Zorobabel (Es 3, 7). También de este puerto salió el profeta Jonás hacia Tarsis para huir de la presencia de Dios (Jon 1, 3).
Jaffa además guarda los recuerdos del ministerio de Pedro, narrados en el Libro de los Hechos de los Apóstoles: la resurrección de Tabita y, durante la hospitalidad de Simón el Curtidor (Hch. 9, 36-43), la visión de los animales impuros (Hch. 10, 9-18). Éste último hecho ilumina a Pedro para bautizar a los primeros gentiles, el Centurión romano, su familia, amigos y criados en Cesarea Marítima (Hch. 10, 23-48).

En lo alto de ciudad actual, se encuentra custodiada por los padres franciscanos la Iglesia de San Pedro construida a mediados del siglo XVII, para conmemorar todos estos hechos. La restauración que vemos hoy fue concluida en 1894.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch. 9, 31-32; 36-42)
En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y progresaba en el temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo. Pedro, que estaba recorriendo el país, bajó también a ver a los santos que residían en Lida.

Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela. Tabita hacía infinidad de obras buenas y de limosnas. Por entonces cayó enferma y murió. La lavaron y la pusieron en la sala de arriba. Como Lida está cerca de Jafa, al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a rogarle: «No tardes en venir a nosotros». Pedro se levantó y se fue con ellos. Al llegar, lo llevaron a la sala de arriba, y se le presentaron todas las viudas, mostrándole con lágrimas los vestidos y mantos que hacía Gacela mientras estuvo con ellas. Pedro, mandando salir a todos, se arrodilló, se puso a rezar y, volviéndose hacia el cuerpo, dijo: «Tabita, levántate». Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él, dándole la mano, la levantó y, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. Esto se supo por todo Jafa, y muchos creyeron en el Señor. Palabra de Dios.
