No hay creyente que no haya hecho o haga peregrinaciones en su vida. Nuestra santa Madre, la Iglesia, nos ayuda darle sentido a esta necesidad de nuestra vida cristiana. De hecho, en la misma liturgia realizamos signos que nos recuerdan nuestra condición de peregrinos. Por ejemplo, la procesión de entrada en la misa es una “pequeña peregrinación” en la que nos acercamos al altar, caminamos hacia Dios.
Acompañamiento de un sacerdote: esencial e imprescindible en una peregrinación










