¡Bienvenido a nuestro blog especializado en Peregrinaciones! Hoy quiero platicarte de un “elemento” imprescindible en una peregrinación. Sí, hablo del acompañamiento de un sacerdote, en esta entrada te cuento con más detalle. Así que te invito a leer completo este artículo.
No hay creyente que no haya hecho o haga peregrinaciones en su vida. Nuestra santa Madre, la Iglesia, nos ayuda darle sentido a esta necesidad de nuestra vida cristiana. De hecho, en la misma liturgia realizamos signos que nos recuerdan nuestra condición de peregrinos. Por ejemplo, la procesión de entrada en la misa es una “pequeña peregrinación” en la que nos acercamos al altar, caminamos hacia Dios. Al Hacer la fila de la comunión los que hacemos es “peregrinar”, vamos hacia el encuentro con Jesús presente en la Eucaristía.

Pero, ¿Quién preside a nombre de toda la iglesia la procesión de entrada en la misa? ¿Quién pronuncia las palabras de Jesús en su última cena para que el pan y el vino que comulgamos se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesús? El Sacerdote que ha recibido el orden. El Orden es el sacramento gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos.
El sacerdote es un mediador, que es tan humano «como todos», pero recibe una vocación divina. Es consagrado por Dios, y lleva a Dios los deseos, las súplicas y los sacrificios de los hombres, y les comunica a éstos las gracias, el perdón de los pecados, la vida eterna y las cosas de Dios.

Si una persona quiere ir al encuentro con Dios en una peregrinación, la vida sacramental es imprescindible, principalmente la Eucaristía y la Confesión. Dirigir una oración, rezar el rosario, leer el Evangelio y compartir una reflexión la podemos hacer todos los cristianos. Pero quien administra estos sacramentos solo puede ser el sacerdote. No por capricho de él o invento de la Iglesia, sino por voluntad divina. Por esto el sacerdote es esencial e imprescindible en una peregrinación.
Como ustedes saben, en todas nuestras peregrinaciones, siempre nos acompaña un sacerdote, y este puede ser de alguna diócesis o congregación religiosa. Siempre en él se manifiesta la presencia de Cristo vivo que nos acompaña y preside nuestra peregrinación. ¡Dios quiera que no nos falten!

Ellos nos celebran la Eucaristía todos los días, así como nosotros todos los días comemos y dormimos ya que es una necesidad, para el peregrino y su peregrinación es indispensable y necesario el alimento espiritual, tanto en la Palabra de Dios, como en el pan de vida la Eucaristía alimento de nosotros los católicos.
Recuerdo cómo peregrinando en la ruta de San Pablo, por Turquía y Grecia, habián lugares en donde no se podía celebrar la Eucaristía porque tristemente no hay iglesias católicas y mucho menos sacerdotes. Para nosotros en nuestra peregrinación, eso no era impedimento. Bastó la presencia de un sacerdote para celebrar la Eucaristía en un lugar digno. Lo mismo para confesarnos en el momento que alguien lo necesitaba.

En diversas ocasiones cuando acompaño grupos de peregrinos, me encuentro con otros grupos que visitan los lugares santos sin el acompañamiento de un sacerdote. Nos comparten que en toda su peregrinación ¡no han tenido oportunidad de una sola misa! O bien, han tenido que unirse a la misas de otros grupos…si logran encontrar en su idioma y además en el horario en que visitan el santuario. Más de una vez, he escuchado que nos dicen: “Ustedes son bendecidos por traer a un sacerdote que los acompaña todo el tiempo”
¡Gracias a todos los sacerdotes que acompañan nuestro peregrinar! ¡Gracias por su tiempo, por su entrega…por acercarnos a Dios!

