Caminar en la Tierra con la mirada en el Cielo: la Ascención del Señor

En el crisol de historia y fe que es Jerusalén, hay lugares que trascienden el tiempo. Uno de estos sitios sagrados es el Monte de los Olivos, donde la tierra se encuentra con el cielo y los corazones se llenan de asombro al recordar la Ascensión de Jesús al Cielo.

En este día especial, cuando la liturgia nos invita a celebrar la Ascensión del Señor cuarenta días después de la Pascua, es oportuno dirigir nuestra mirada hacia el Monte de los Olivos donde según el relato evangélico de Lucas (24, 46-53), fue el monte donde Jesús ascendió al cielo, dejando a sus discípulos con la promesa del Espíritu Santo y la misión de llevar su mensaje hasta los confines de la tierra.

La precisión geográfica del evento se encuentra también en el libro de los Hechos de los Apóstoles (1, 1-12), que nos sitúa en el «Monte llamado del Olivar» o de los Olivos. Desde entonces, este lugar ha sido una meta para el peregrino en Jerusalén.

En el siglo IV, la noble romana Poemenia erigió una capilla circular sin techo, conocida como Imbomon, como testimonio de la importancia de este lugar. Sin embargo, a lo largo de los siglos, ha sufrido los estragos de conflictos y conquistas. Fue destruida por los persas en el año 614 y posteriormente reconstruida por los Cruzados.

Hoy los franciscanos han celebrado una misa al interior de lo que persiste de la antigua iglesia cruzada, hoy propiedad musulmana

El santuario fue después destruido y una parte convertida en mezquita . Actualmente, el lugar es propiedad de la comunidad musulmana. Pero el espíritu de veneración cristiana persiste en este lugar sagrado. Los peregrinos pueden aún contemplar la forma octagonal de la antigua iglesia y, en su centro, las paredes de la reconstrucción cruzada y el característico Mihrab que indica a los musulmanes la dirección de la meca. En el interior de este pequeño «edículo» , se resguarda una roca que lleva una huella, según la tradición piadosa, marcada por la última pisada de Cristo antes de Ascender al Cielo.

Caminar por la Tierra con los ojos puestos en el Cielo es el desafío y la invitación que nos reafirma cada peregrinación. En este día de la Ascensión, dejemos que el Monte de los Olivos nos inspire a buscar lo trascendente en medio de lo cotidiano, recordándonos que, así como Jesús ascendió al Cielo, también nosotros podemos elevarnos sobre las circunstancias adversas con la certeza de su presencia amorosa a nuestro lado. Que este lugar santo nos recuerde siempre que, al final del camino, nos espera la plenitud de la vida en comunión con Dios.

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2 comentarios

  1. Leer sus comentarios me llevan a recordar mi peregrinacion a Tierra Santa y tener mis recuerdos vivos

    1. Gracias por su comentario, sin duda para siempre se guarda el corazón la Tierra Santa

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