Cada año, el Viernes Santo, día en que la Iglesia conmemora con sobriedad y recogimiento la Pasión y Muerte del Señor, se realiza en todas las parroquias del mundo una colecta muy especial: la Colecta por Tierra Santa. Esta acción solidaria, profundamente arraigada en la historia y espiritualidad de la Iglesia, está destinada a sostener la presencia cristiana en los lugares donde nació nuestra fe.
Una Iglesia pequeña que vive grandes desafíos
La comunidad cristiana en Tierra Santa representa hoy una minoría que, en medio de realidades complejas —económicas, sociales y políticas—, continúa dando testimonio del Evangelio en los mismos lugares donde Jesús vivió, murió y resucitó. Muchos de estos hermanos y hermanas enfrentan dificultades para acceder a empleos estables, educación de calidad o vivienda digna. En algunos casos, incluso se ven forzados a emigrar por falta de oportunidades.

Apoyar a los cristianos de Tierra Santa significa no solo ayudarlos a permanecer en su tierra, sino también cuidar de los Santuarios donde miles de peregrinos de todo el mundo reavivan su fe cada año.
La misión de la Custodia Franciscana
Desde hace más de ocho siglos, la Custodia Franciscana de Tierra Santa —presente oficialmente desde 1217— ha sido encomendada por la Iglesia Católica para custodiar los lugares santos vinculados a la vida de Jesús y sus discípulos. Además de la tarea espiritual y pastoral, los franciscanos desarrollan una inmensa labor social y educativa: sostienen escuelas, centros médicos, programas de vivienda, parroquias, guarderías, orfanatos y residencias para ancianos.

Gracias a la colecta del Viernes Santo, esta misión puede continuar y extenderse, asegurando no solo el cuidado material de los Santos Lugares, sino también el acompañamiento integral de las familias cristianas locales.
Un gesto que se remonta a los orígenes de la Iglesia
El gesto de compartir con la Iglesia de Jerusalén no es nuevo. En los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 11,27-30), san Pablo organiza una colecta en Antioquía para socorrer a los fieles de Judea que atravesaban una época de escasez. Esta práctica apostólica se convirtió desde los primeros siglos en un signo tangible de unidad, caridad y comunión entre las Iglesias.

Consciente de esta tradición, el Papa san Pablo VI formalizó la colecta actual a través de la exhortación apostólica Nobis in Animo (1974), donde reafirma la responsabilidad de toda la Iglesia universal con la «Iglesia Madre de Jerusalén».
El valor profundo de la ofrenda del Viernes Santo
El Viernes Santo es el único día del año que no se celebra la Eucaristía, y por eso no hay Ofertorio. Sin embargo, en el momento litúrgico de la Adoración de la Cruz, regularmente se colocan canastos para que los fieles depositen sus donativos. Este gesto adquiere un valor singular, pues es una ofrenda que se une íntimamente al sacrificio de Cristo en la Cruz.

Contribuir en la Colecta por Tierra Santa es un modo concreto de decir: “Aquí estoy, Señor, con mis hermanos que sufren, que esperan, que creen junto a tus pasos en Jerusalén”.
¡Tú también puedes ser parte!
Ya sea que hayas peregrinado a Tierra Santa o la lleves en el corazón con deseo y devoción, este Viernes Santo tienes la oportunidad de ayudar. Con tu oración y tu generosidad, tú también puedes cuidar los Santos Lugares y sostener a quienes viven allí como custodios vivos del Evangelio.

