El Monte de los Olivos, de 808 metros de altura, se alza al este de Jerusalén y separa la Ciudad Santa del Desierto de Judá que, desde aquí, comienza a descender hacia el Mar Muerto. El Valle del Torrente Cedrón que circunda Jerusalén al este, separa el Monte de los Olivos de la ciudad y del cercano Monte Sion.
El evangelista san Lucas insiste de forma especial en la costumbre de Jesús de frecuentar el Monte de los Olivos, adonde se retiraba para pasar la noche o para enseñar a sus discípulos. La Peregrina Egeria, en el siglo IV, relata la procesión que salía de aquí hacia la Basílica del Sepulcro para conmemorar la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Misma que hasta hoy los padres franciscanos y toda la comunidad católica realizan cada Domingo de Ramos. A continuación los santuarios que se encuentran en el Monte de los Olivos.
Ascensión
En la cima del Monte de los Olivos, recordamos la Ascensión de Jesús al Cielo (Lc. 24, 46-53). El libro de Hechos de los Apóstoles sitúa con exactitud el acontecimiento en el “Monte llamado del Olivar” (Hch. 1, 1-12) o de los Olivos. Hacia el siglo IV la noble romana Poemenia mandó a construir aquí una capilla circular sin techo, nombrada Imbomon. Ésta fue destruida por los persas en el 614 y posteriormente reconstruida por los Cruzados. Hoy el lugar es propiedad de los musulmanes que destruyeron gran parte del santuario para construir una mezquita.
Betfagé
Este lugar sobre el Monte de los Olivos se sitúa en el camino que une Jerusalén con Betania. En 1876, un pastor beduino encontró aquí un monolito cúbico, pintado con frescos que representan la resurrección de Lázaro y la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. La piedra data del siglo IV. Los frescos corresponden al siglo XII, época de los cruzados; al igual que los restos de una capilla alrededor de dicho monolito. .
La peregrina Egeria narra en su diario, escrito en el siglo IV, precisamente sobre la existencia de una iglesia que conmemoraba el encuentro de Jesús con Martha y María, así como de una importante procesión el Domingo de Ramos que iniciaba en el Monte de los Olivos y terminaba en el Santo Sepulcro. Estas evidencias arqueológicas y escritas permiten asociar el sitio como Betfagé.
La Custodia Franciscana construyó aquí una iglesia en 1883, que fue remodelada en 1955 por el Arquitecto Antonio Barluzzi. El Patriarca Latino de Jerusalén y la Custodia Franciscana cada año inician aquí la procesión del Domingo de Ramos, dando comienzo a la Semana Santa
Pater Noster
La Iglesia del Pater Noster (Padre Nuestro) se ubica casi en la cima del Monte de los Olivos, sobre una cueva en el camino que iba de Jerusalén a Betania y Betfagé, por lo que es muy probable que Jesús y sus apóstoles se detuvieran muchas veces en este lugar.
La peregrina Egeria (s IV), al referirse al Monte de los Olivos, ya habla de la existencia de un templo denominado “Eleona” (vocablo latino que se traduce Olivar), o “Iglesia de los Discípulos” y que habría sido construida por Constantino y su Madre Santa Elena. Destruida esta Iglesia en la invasión persa del 614, ha habido varios intentos de recontrucción hasta lo que vemos hoy que es la Iglesia de un convento Carmerlita, una gran iglesia inconclusa y debajo de lo que hubiese sido el presbiterio, la gruta donde recordamos la enseñanza del Padre Nuestro. Alrededor del claustro, se puede leer en placas de cerámica, la oración del Padre Nuestro en más de 170 idiomas.
Dominus Flevit
Ubicada a la mitad del Monte de los Olivos, esta pequeña Iglesia con forma de lágrima, fue diseñada por el arquitecto Barluzzi en el año 1955. Muchos peregrinos la recuerdan por el ventanal detrás del altar que permite contemplar una de las mejores vistas de Jerusalén. Aquí recordamos las palabras de Jesús sobre el final de Jerusalén y del mundo, narrado en los Evangelios sinópticos (Mt. 24; Mc. 13; Lc. 21).
Basílica de la Agonía o Getsemaní
También conocida como Iglesia del Getsemaní o Basílica de las Naciones, el recinto fue diseñado por el arquitecto Antonio Barluzzi y consagrado en 1924. Al frente del altar, la Piedra de la Agonía recuerda la oración de Cristo en el Huerto de los Olivos; la traición de Judas y la consecuente aprehensión de Jesús (Lc. 22,39-54; Mt 26,36- 56; Mc. 14,32-52). La penumbra que resulta de la poca iluminación de la iglesia nos invita a presenciar el misterio de la agonía del Hijo de Dios aquella noche.
Tumba de la Virgen
Ningún texto bíblico narra la muerte de María, ni su sepultura y asunción. Sí lo hacen textos apócrifos que posteriormente se citan. Ya en el siglo IV había aquí construida una iglesia para recordar el hecho, modificada y destruida posteriormente. Los benedictinos, en el siglo XI, construyeron la puerta y la escalinata por la que hoy se desciende a la cripta. Hoy el recinto es custodiado por cristianos ortodoxos.
