Hoy, Domingo de Ramos, la Iglesia celebra con alegría la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. En Tierra Santa, este día se vive con una fuerza y un simbolismo difíciles de describir, especialmente para quienes hemos tenido la bendición de estar allí. Hoy uno de nuestros grupos está teniendo la esta oportunidad de vivir la Semana Santa en Tierra Santa acompañados por Fray José Alcaráz y nuestro compañero Fabio Inzunza.

¿Cóm es vivir una Procesión del Domingo de Ramos en Jerusalén?
La comunidad cristiana local, junto con peregrinos de todo el mundo, se reúne en torno al Patriarca Latino de Jerusalén, quien preside esta procesión que parte desde Betfagé, en la cima del Monte de los Olivos. Este es el lugar desde donde, Jesús inició su entrada hacia la Ciudad Santa, montado en un pollino, mientras la multitud lo aclamaba con ramas de palma y olivo.

Antes de comenzar la caminata, la atmósfera ya está cargada de emoción. Hay cantos, alabanzas, danzas y un ambiente de auténtica fiesta. Grupos de peregrinos, franciscanos, congregaciones religiosas, familias y jóvenes animan la espera con música: guitarras, panderos, tambores… ¡todo al servicio de la alabanza! Se canta en todos los idiomas, recordando que esta es la ciudad de todos los cristianos, y que aquí late el corazón de nuestra fe.
Lo más impactante para mí fue el momento en que, bajando por la ladera del monte, apareció ante nuestros ojos la vista de la Ciudad Santa de Jerusalén. Me estremecí profundamente, pensando en cómo Jesús vio esa misma imagen y lloró por la ciudad. No es solo una caminata, es revivir con los pies y el alma la historia de nuestra salvación.
La procesión sigue su camino atravesando los barrios árabes, donde pude ver cómo algunos vecinos —incluso no cristianos— salían a mirar desde los balcones. Recuerdo especialmente a los niños, algunos agitando ramas de palma con una sonrisa curiosa.
El recorrido concluye entrando a la ciudad antigua por la Puerta de las Ovejas, hasta llegar a la Iglesia de Santa Ana, junto a la mística Piscina de Bethesda, donde Jesús curó al paralítico. Allí, el Patriarca ofrece un mensaje lleno de esperanza y fe, y bendice a los presentes con una reliquia de la Cruz de Cristo, cerrando así una jornada profundamente espiritual.

Participar en esta procesión no es solo asistir a un evento, es entrar en el Misterio. Es caminar con Jesús, aclamarlo como Rey, y disponerse a acompañarlo durante toda la Semana Santa.
Esta es solo la primera de más celebraciones que en Tierra Santa se viven con una intensidad única. Durante los próximos días, te iremos compartiendo otras experiencias y celebraciones propias de la Semana Santa en esta tierra bendita.
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!


[…] recorrimos con palmas y cantos el camino de Jesús hacia Jerusalén en la procesión del Domingo de Ramos. Hoy, Lunes Santo, nuestro corazón peregrino se detiene en Betania, el pequeño pueblo al oriente […]