Mis queridos amigos de Peregrinaciones.blog, hoy quiero compartirles la gran experiencia que viví al ir a peregrinar a un lugar hermoso: “Medjugorje”. Para ubicar geográficamente este conocido lugar de peregrinación, cabe recordar que se encuentra en un pueblo de la parte suroccidental de Bosnia y Herzegovina, cerca de la frontera con Croacia. El idioma oficial aquí es el croata y en su mayoría de tiempo el clima es muy suave.

El pasado mes de marzo, tuve la oportunidad de acompañar a Medjugorje a un grupo de peregrinos en la Ruta de los Santuarios Marianos de Europa. Llegamos por la noche después de un viaje por carretera, y al llegar nos recibían para celebrar la santa misa y agradecer a María por estar siempre intercediendo por nosotros. Tomamos una rica cena y descansamos. Al siguiente día comenzamos a conocer Medjugorje. Es un impresionante lugar, lleno de muchos paisajes, pero lo que más me ha impresionado es que es un lugar donde se respira la FE. Por donde caminábamos veíamos a la gente de ese pueblo siempre con una cálida sonrisa y algunos rezando el rosario por la calle.
Si algo caracteriza a Medjugorje es la cantidad de testimonios de conversión de muchos que han pisado este lugar. Nosotros tuvimos la oportunidad de escuchar un testimonio. Un hombre, que a pesar de «tener todo», le hacía falta algo… a Dios y a su Santísima Madre, la Virgen María. Fue precisamente en Medjugorje donde su vida se transformó y tomó un sentido pleno. Hoy no hace más que compartir su testimonio ahí en Medjugorje donde vive junto con su esposa. Quienes lo escuchamos vibrábamos de emoción, y queríamos seguir conociendo más y experimentando de lo que se vive en Medjugorje.
Monte de las apariciones.
Filka fue la guía local que nos acompañó en nuestra visita a Medjugorje. Compartía su experiencia pero aún mejor que eso, nos habría su corazón para que nos pudiéramos conectar, poder experimentar y tener ese encuentro personal con Dios y su Madre. Era tan bella su manera de compartir su experiencia que brotaba en nosotros el anhelo de subir el Monte de las Apariciones.
La experiencia de subirlo es muy especial, si además lo haces rezando el Santo Rosario. En el Camino encuentras las estaciones de los misterios para ir meditándolos. Mientras subes y rezas, también el silencio es sagrado y muy necesario. Mientras subía, mi vista se dirigía a todos lados para apreciar todo en ese momento, el paisaje, la gente, pero lo más hermoso la FE que se seguía haciendo presente.
Una muestra de la fe que aquí emana es el testimonio de una señora del grupo, junto con su hija, madre de un pequeño de unos 8 años. Las dos subían el Monte rezando el rosario descalzas. Cabe decir que el lugar está lleno de piedras de todo tipo, tamaño y estilo, lisas, rasposas, picudas, y ellos subían con un gran esfuerzo que me dieron a entender que valía la pena, allí entendí que la fe de esas personas tenia todavía un valor más grande.
Después de un largo caminar, llegamos a donde se encuentra una imagen de María que es donde la Virgen se aparece de acuerdo con relato de los videntes. Cuando estás ahí se «escucha» el silencio de todos los que estábamos reunidos en ese lugar, unos de rodillas, otros sentados, otros meditando. En eso, el sacerdote que nos acompañó en la peregrinación estaba en un lugar apartado escuchando las confesiones de los peregrinos del grupo que en ese momento sintieron la necesidad de acercarse al Sacramento de la Reconciliación.
Al bajar del Monte, lo teníamos que hacer con mucho cuidado ya que las piedras como están lisas, son resbalosas y pues lo teníamos que hacer despacio, pero sobraban manos que te ayudaban para no caer. Otra muestra de que la gente que vamos a ese lugar, nos hacemos más consientes a las necesidades de los demás y sobre todo que estamos llamados a servir al prójimo, al hermano y con amor.
Llegamos al hotel un poco cansados, pero llenos de muchas experiencias maravillosas que nos dejó el estar allí, sobre todo llenos de paz.
Medjugorje: La fe de su gente
Ya en el pueblo, en donde se encuentra la parroquia franciscana de Medjugorje, es un lugar muy bonito y especial. Alrededor encuentras tiendas de artículos religiosos donde se pueden adquirir una infinidad de cosas para regalar, y no podía faltar la calidez de su gente. Una cosa chusca, ya después no sabíamos cómo le íbamos a hacer para llevarnos todo lo que compramos.
En el atrio de la parroquia de Medjugorje, veía personas de todas las edades, niños, adolescentes, jóvenes, adultos y gente ancianita. Todos con una misma fe y unidad en Cristo Jesús. Seguía caminando y algo que me admiro mucho: los confesionarios. Encuentras sacerdotes confesando en todos los idiomas, afuera de cada confesionario se indica el idioma del sacerdote. ¡Una gran cantidad de fieles haciendo fila para confesarse! ¡Algo extraordinario!
Y de nuevo me vuelvo a admirar, ya que gran parte de los que estaban allí eran Jóvenes y eso me dio mucho gusto, emoción y alegría que los jóvenes buscarán ese Sacramento maravilloso de la reconciliación, el poder ser amigos de Jesús ¡wow! sin duda eso volvió a motivarme mucho y mi corazón volvía a vibrar de emoción.
Adentrándote más a la Parroquia de Medjugorje, se encuentra un lugar muy apropiado para meditar el Viacrucis. Es muy propio en este lugar mariano acompañar a Jesús en lo que hizo, padeció y sufrió por nosotros. Con el grupo lo meditamos y al finalizar llegamos a un Cristo enorme que se encuentra allí, la gente hace literal fila para tocarlo como expresión de su fe.
Filka, nuestra guía, nos comentó que esta Estatua de Cristo está hecho de un material que es difícil que se filtre el agua, pero no se explican cómo y por qué debajo de la rodilla de Cristo, sale un líquido. Los fieles llevan unos pañuelitos, con los que secan este liquido y se los llevan. Es también un gesto de fe de las personas, muchos enfermos van a Medjugorje pidiendo con devoción la recuperación de su salud física.
Para finalizar les comparto este gran testimonio de fe…
Asistimos a la Santa Misa en la explanada de la Parroquia de Medjugorje, la cual también es traducida en todos los idiomas por medio de unos radios. Al finalizar la misa, ¡algo maravilloso! ¡exponen a Jesús Sacramentado para estar con Él!…y vaya sorpresa lo que vieron mis ojos y eso fue lo que trazo mi corazón y sentí una caricia de parte de Dios a mi persona: niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos, ante Jesús Eucaristía y en silencio adorándolo. ¡Algo sin igual!
Regresé a México con el propósito de imitar lo que pude experimentar e invitar a mi familia, hermanos, amigos y a ustedes que me leen los invito a no perder nunca: la fe que se nos fue dada como un gran regalo de Dios. Más bien, acrecentarla cada día más, para estar siempre con Él en todo momento. Aún en los momentos difíciles que podamos pasar, tengamos la certeza de que Dios estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.
Sin duda este lugar está lleno de una fe impresionante hacia Dios y María.