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Sin María, no hay Pentecostés (2ª parte)

¡Saludos familia de Peregrinaciones.blog! En esta semana después del domingo de Pentecostés continuamos meditando sobre cómo el Espíritu Santo puede actuar en nuestras vidas si lo invocamos y pedimos que nos llene de sus dones, a ejemplo de la Virgen María.

Si te perdiste la primera parte de nuestra meditación, da clic aquí. En la primera parte de esta meditación recordábamos dos momentos de la Virgen María en que experimentó el encuentro y la acción del Espíritu Santo: en la Encarnación y la Visitación. Ahora meditamos cómo fue guiada por el Espíritu.

3. Guiada por él Espíritu

La Virgen Maria no entendió todo desde el primer momento, fue comprendiendo poco a poco, aunque si tenía una luz que le regaló un conocimiento mayor al nuestro de las cosas, nos dice Santo Tomas de Aquino.

Ella crecía en sabiduría y desarrollaba su entendimiento a lo largo de la vida. Iba adentrándose crecientemente en el orden del Espíritu. Es decir, María tenía que ir comprendiendo, paso a paso, lo que quería Jesús y lo que debía hacer Ella a su lado. Tenía que entrar progresivamente en ese mundo de su Hijo Divino, en el que sólo el Espíritu Santo podía introducirla.

En la pérdida de Jesús a sus doce años al encontrarlo en el templo entre los doctores María le pregunta: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados».

María recorre su propio camino de fe. Qué difícil debió ser para Ella cuando su Hijo los abandonó y después les dijo: “¿No saben que tengo que preocuparme de los asuntos de mi padre?” (Lc 2, 49). Tal vez no comprendió lo que Jesús acababa de decirles. Pero seguramente se dio cuenta de que su Hijo actuaba desde su Padre, en el cual también Ella tenía que adentrarse de un modo más perfecto.

María, por el Espíritu Santo, seguramente se dio cuenta de que su Hijo actuaba desde su Padre

De igual manera el espíritu nos mostrara las verdades poco a poco, El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando» (Jn 16, 13-14).

El Espíritu Santo nos mostrar el camino, habrá muchas situaciones, circunstancias, momentos en los que no entenderemos por qué suceden, algunos incluso dolorosos a los que le podremos decir al Señor ¿por qué permites esto? ¿Por qué me sucede a mí? Dios sabe el por qué de las cosas y todo pasa para bien de los que le aman.

Dejemos nos guiar por el Espíritu Santo como María, pidamos al espíritu la gracia para conocer su voluntad y el comprender su actuar en nuestra vida, y de esta manera llenémonos de Él.

3. Movida por la fuerza del Espíritu

Como una madre, María permanece al lado de su hijo, este es otro momento, en las bodas de Cana, donde surge una necesidad y María es movida por la fuerza del Espíritu y hace una petición a Jesús, a la que “Jesus le respondió ¿Qué tengo yo contigo, Mujer? Todavía no ha llegado mi hora” (Jn 2.4). El pensar y actuar de Maria es ayudar a los novios en su necesidad, Jesús mira más allá, piensa en su gran Hora, la hora de la Cruz y sin embargo, cumple el deseo de su Madre.

Al llegar la gran Hora sobre el monte Calvario, todos los deseos y necesidades, llegan al silencio y ya no quiere más que cumplir perfectamente con su rol en el plan de salvación, ahí en la cruz, Jesus nos la entrega como nuestra Madre, y le dice “Mujer ahí tienes a tu hijo”, soportando y fortalecida por el Espíritu, permanece en Él y junto a nosotros para que con ella y con ayuda de la fuerza del Espíritu soportemos el dolor, la necesidad, las angustias, los problemas, así por Maria y la fortaleza del Espíritu enfrentemos la vida.

María, fortalecida por el Espíritu Santo en el Calvario, permanece junto a Jesús.

Mañana terminamos nuestra meditación con la tercera parte, en la que hablaremos sobre María, la llena del Espíritu Santo. No dejes de suscribirte a nuestro blog para recibir material de formación para tu próxima peregrinación.

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