«¡Queridos peregrinos! Hoy celebramos a Santa Cecilia, una mártir de Roma en los primeros siglos del cristianismo que es muy conocida, puesto que el Papa Gregorio XIII le declaró Patrona de la música y de los músicos en 1584. En el camino de la fe, nos encontramos hoy para explorar un tema que une la espiritualidad y la cultura: la influencia de la música en nuestra peregrinación cristiana. ¡Te invito a reflexionar juntos en este artículo!
La tradición dice que Santa Cecilia fue obligada por su padre a casarse con un pagano, aún cuando ella quería consagrarse virgen al Señor. Se dice que mientras resonaban los cánticos el día de su boda, ella permanecía en oración y alabanza a Dios desde su corazón. De igual manera en su martirio cantaba al Señor mientras era quemada en el horno.
Habría qué preguntarse si así como Santa Cecilia, ¿nosotros seríamos capaces de entonar himnos de alabanza al Señor, cuando estamos por dar la vida, dando testimonio del amor de Dios y nuestra fe en Él?

Hablemos pues de lo que puede llegar a transmitir la música, que es un arte que ennoblece el alma, pero hoy en día se ha convertido en un instrumento de denigración al ser humano, especialmente a la mujer en algunos géneros, que no sé si podemos catalogar como música.
Las palabras son un arma poderosa, para crear conciencia o para perderla. Cada vez que nuestro cerebro concibe ideas que luego transmitimos en palabras, se van generando convicciones; así que cuando las palabras son ofensivas, vulgares, gotescas o laxas, nuestra alma se va debilitando. San Pablo nos lo dice en la carta a los Efesios: “No salga de vuestra boca palabras que los corrompan, sino aquellas que sirvan para la mutua edificación “ (Ef. 4,29) y Jesús nos invita a atesorar los bienes celestiales, puesto que de lo que está lleno el corazón habla la boca (Lc. 6,45).
La música es una forma muy apropiada para transmitir la cultura, de tal suerte que si escuchamos una pieza musical la podemos ubicar en la línea del tiempo de la historia, y descubriríamos la forma de pensar y vivir de ese tiempo. ¿Cómo pasará a la historia esta generación por las canciones que se escuchan y transmiten?
Como cristianos estamos llamados a dar testimonio de los valores del Evangelio, a tiempo y a destiempo; propongámonos pues a cultivar la buena música, esa que transmite paz al alma, la virtud a la voluntad, que comparte lo mejor del ser humano creado a imagen de Dios, que fortalezca nuestra fe, así como Santa Cecilia.
Cuando se tiene la oportunidad de peregrinar a Roma, vibra el corazón sabiendo que tantos cristianos dieron su vida por abrazar el Evangelio y el amor a Cristo, todos estos mártires que dieron origen a nuestra Iglesia y que nos invitan a no tener miedo de ir en contra de la corriente con tal de ganar el Cielo.
Que por intercesión de Santa Cecilia seamos valientes en transmitir la fe mediante la cultura y el testimonio de nuestra vida.