En el Antiguo Testamento, tanto Jerusalén como el Monte donde estaba el Templo son nombrados indistintamente como Sion. Lo leemos en los textos proféticos (Is. 2,3; Jer. 3,14; Am. 6,1) como en algunos salmos (Sal 97,8; 110,2), haciendo referencia a que Sion es la morada de Dios (Jl. 3, 17) y desde ahí vendrá la salvación para todo el orbe (Sal 14,7). En los tiempos de la libertad religiosa en el Imperio Romano, siglo IV, sobre el monte occidental de Jerusalén, fue construida la basílica de “Hagia Sion” (Santa Sion), donde estuviera el Cenáculo. Entonces el monte pasó a llamarse también Monte Sion por la tradición cristiana. Y no es para menos, pues bien podríamos decir que los hechos aquí ocurridos marcaron el inicio de la Iglesia, apostólica y universal. De aquí salió la salvación al mundo entero. La basílica guardaba varios recuerdos, pero fue destruida. Hoy realizamos esos recuerdos en recintos construidos posteriormente.
En este mismo monte se estableció la primera sede de los franciscanos a su llegada a Jerusalén hace más de 800 años y hasta hoy existe ahí uno de sus conventos, el “Cenacolino”, es decir, “pequeño Cenáculo”. El padre franciscano que administra la provincia de Tierra Santa y a quien se le conoce como “Custodio de Tierra Santa”, también ostenta el título de “Guardián del Monte Sion”.
Abadía de la Dormición de la Virgen
Sobre el sitio donde estaría la Basílica de Hagia Sión, fue construida en 1910 la Abadía de la Dormición por los monjes benedictinos alemanes en 1910. Su sobresaliente cúpula y campanarios corona el MontemSion.
El Cenáculo
El lugar conmemora la Última Cena y la venida del Espíritu Santo, que conllevan a su vez varios recuerdos. Aquí, durante la última Cena, Cristo instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio (Mt. 26, 26-29); mediante el signo del lavatorio de los pies, el mandamiento del amor (Jn. 13,2-17; 31-35); anunció la traición de Judas (Mc. 14, 17-21) y las negaciones de Pedro (Jn. 13, 36-38). Aquí Jesús confirió a sus apóstoles el poder de perdonar los pecados (Jn. 20,23) y prometió la venida del Espíritu Santo (Jn. 14, 15-30) que descendió sobre el Colegio apostólico reunido en torno a la Santísima Virgen el día de Pentecostés (Hch. 2, 1-13).
Por todo lo anterior, el Cenáculo es considerado por la tradición cristiana, la residencia de la primitiva Iglesia apostólica (Hch. 1, 12-14). Podemos afirmar que aquí nació por la acción del Espíritu Santo. Después de destrucciones e intentos de restauración de la basílica “Hagia Sión”, la destrucción de 1219 dejó solo en pie la “Sala Alta” que hasta hoy en día contemplamos. Es notable su estilo cruzado y las reminiscencias islámicas. Debajo del Cenáculo, la actual sinagoga resguarda el cenotafio (tumba vacía) del Rey David
San Pedro in Gallicantu
El término latino “Gallicantu” significa en español “Canto del Gallo”. Aquí se cumplió lo que Jesús había anunciado a Pedro en la Última Cena: En verdad te digo que esta misma noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces (Mt 26,34). La negación de Pedro es narrada por los 4 evangelistas, situándolo en el momento del juicio de Jesús ante Caifás, el Sumo Sacerdote. La tradición y la arqueología corroboran que debajo de la iglesia que hoy contemplamos, pudo estar el palacio del sumo sacerdote; pues durante su construcción en 1931 se descubrieron restos de una basílica bizantina del siglo V; además de unos calabozos y baños de purificación judíos que datan del siglo I. Los últimos estudios, sin embargo, sitúan el palacio de Caifás frente a la puerta de Sion, hoy parte del Patriarcado y Seminario Armenio.
