Que alegría que nos encontramos nuevamente por este medio, hoy 17 de mayo dia en el que a los que somos Eucaristicos nos hace identificarnos con San Pascual Bailón y no por la bailada si no por su amor a Jesus Sacramentado.
Y claro no podemos hablar lo más mínimo de la vida de este santo, sin antes hablar de la Eucaristía; Y es que este Divino Portento lo fue todo para él, de hecho era tan humilde este hombre, que se sentía indigno de la vocación a la vida consagrada, pero fue su amor s Jesús Sacramentado quien los atrajo como imán al redil de su rebaño consagrado.

Muchas personas, sólo piensan en Pascual por la imagen con la que muchas veces se le representa, de estar él en la cocina y la milagrosa aparición de la Eucaristía en su lugar de trabajo, pero lo milagroso aquí es que Jesús atendió los anhelos más profundos de su corazón de estar con él.
Se necesita conocer muy bien el amor del bueno, para comprender, aunque sea de cierta manera el grandísimo amor que Cristo nos tiene y por el que está presente en la Eucaristía. Al ver este pequeño pan, se quedan muy lejos los deseos de grandeza, de dominio, de placer y poder que tantas veces nos mueven.
Jesús en la Eucaristía es humildad, cercanía, pobreza, sencillez, obediencia. Dios Omnipotentes se queda quietecito, a merced de los ministros, sean pecadores o santos, por su amor tan grande permite que le manipule el ser más puro así como el sacrílego. Su amor traspasa toda miseria, cualquier rechazo o desprecio… está ahí fiel Amante, Divino Cordero que da la vida por mí.
San Pascual, de apellido Bailón, no porque bailara, aunque un alma enamorada de esta forma, seguro baila y alaba al Señor con todo su ser, desde muy pequeño dio muestras de su inocente y puro amor a Cristo Sacramentado.
Siendo Pastor, guiaba a su rebaño a lugares en donde pudiera escuchar las campanas de la Iglesia, en su tiempo, en el momento de la Consagración se hacían sonar las campanas exteriores y él se sobrecogía de contento viajando con el alma hasta la Divina Presencia.
Cuando por fin abrazó la vida consagrada, su deseo más grande era estar postrado en adoración, aunque este deseo lo llevaba a la obediencia más pronta, y gran caridad con sus hermanos, deseando tener los servicios más sencillos, uno de sus favoritos era ayudar en la Eucaristía y también el de portero, porque muchos de los pobres de la región se acercaban a las puertas del convento por un poco de alimento, y Pascual jamás los dejaba ir con las manos vacías, siempre tenía algo qué darles de la huerta del convento, que, a pesar de la austeridad, siempre tenía algo para compartir.
No era una persona letrada, sin embargo defendió con toda su alma con argumentos teológicos el Sacramento de la Eucaristía contra un predicador calvinista, que casi lo mata a pedradas, pero fue feliz por sufrir este dolor por amor a Cristo.
Cuando llegó su momento final en esta tierra, se escucharon las campanas de la Consagración. Y él dijo: “No podría ser un mejor momento “ y se fue a alabar al Señor al Reino Celestial.
Que dicha encontró San Pascual en este peregrinar hacia su camino final, ojalá nosotros aprendamos de el, buscar a Cristo en nuestro día día con todo el corazón, pidamos su intercesión y compañía para convertirnos en verdaderos seguidores y testigos, para que logremos dar frutos abundantes, que todo aquel con el que nos encontremos en nuestro camino no se vaya con las manos vacías y sobre todo para que que nuestro peregrinar no sea más que un viaje si no un encuentro con Cristo vivo.