El mayor símbolo del cristiano es la Cruz. Este fue el medio por el que Cristo dio su vida para salvar a la humanidad. Así, la cruz es símbolo de redención y del inconmensurable amor de Dios. Por esto la liturgia nos enseña a adorar el signo de la cruz en el Viernes Santo. No al objeto material, sino al símbolo en el que Cristo mismo extendió sus brazos uniendo el Cielo y la Tierra.
Por devoción cargamos una Cruz en el pecho para recordar el sacrificio de Cristo, para identificarnos como cristianos y para recordar que la vida del cristiano es estar unidos permanente al sacrificio de Cristo, en las dificultades de la vida, en las pruebas y en las tentaciones.

Un antiguo voto de los peregrinos en Tierra Santa era precisamente portar una cruz desde la salida de sus hogares. Portar esta cruz les recordaba las palabras del Maestro “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga” (Mateo 16,24). Era el signo de su renuncia a la vida de pecado, para abrazar una nueva vida según la voluntad de Dios. Cuando llegaban al Calvario en Jerusalén, depositaban esa cruz en señal del cumplimiento de su voto.
Hemos invitado a quienes peregrinan con nosotros a Tierra Santa a continuar con esta tradición. Al llegar a Tierra Santa recibimos una pequeña cruz de madera de olivo realizada por nuestros hermanos cristianos de Tierra Santa, a quienes también con este gesto ayudamos. La llamamos la Cruz del Peregrino. De ser posible en nuestra primera misa el padre las bendice y nos la entrega.
Llevamos la Cruz del Peregrino durante toda nuestra peregrinación en actitud de renuncia a nuestras comodidades y pecados y con deseo de ser así auténticos discípulos de Jesús. Tocamos con ella todos los santos lugares. Durante el ejercicio del Viacrucis, subimos con ella y con Cristo, hasta el monte Calvario. Después la colocamos al menos por unos instantes sobre el Santo Sepulcro.
Regresamos con nuestra Cruz del Peregrino a nuestras casas, convertida en reliquia, como un símbolo y recordatorio de nuestra peregrinación y encuentro con Cristo en esta Tierra que Él tanto amó.