En el sur de Cracovia, antigua capital polaca, se encuentra el famoso barrio de Lagiewniki. Aquí se levantó, hacia finales del siglo XIX, el convento de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. A esta orden ingresaría en 1925, Helena Kowalska, quien tomaría después el hábito con el nombre de Sor María Faustina del Santísimo Sacramento.
Desde 1931, sor Faustina recibió revelaciones de Cristo, que describió en un diario a petición de su confesor, el ahora beato Michał Sopoćko. En estas revelaciones le pidió que pintara su imagen con haces de luz, rojo y blanco y la inscripción “Jesús en Ti confío”. Le manifestó también el deseo de que el domingo después de Pascua se celebrara la fiesta de su Misericordia; se rezara diariamente la oración de la coronilla y se celebrara anualmente una novena a la Divina Misericordia. Por estas devociones, las almas serían llevadas a Jesús, fuente de Misericordia para “tomar fuerzas, consuelo y alcanzar cualquier gracia que necesiten en las adversidades de la vida, y especialmente, en la hora de la muerte.”

Sor Faustina y su confesor, cumplieron con el deseo de Jesucristo. La primera imagen fue pintada por Eugenio Kazimirowski en 1934, pero se cuenta que cuando la mística la vio, lloró porque comprendió que una imagen nunca podría reflejar toda la belleza de Jesús. Una segunda imagen fue realizada y donada al convento en 1943 por el pintor Adolfo Hyla, como voto por haber sobrevivido a la guerra. Esta es la imagen del “Cristo de la Divina Misericordia”, que más se ha difundido, sólo con algunos retoques del mismo pintor.
Sor Faustina vivió en este convento de Cracovia, desde 1926 y desde aquí, a causa de la tuberculosis, partió a la casa del Padre a los 33 años de edad. Sus reliquias se encuentran en la Capilla de este Convento.
San Juan Pablo II también polaco, siempre se sintió muy ligado a este santuario y fue un gran promotor de la Divina Misericordia: en 1997 fue el primer Papa en visitar este santuario; en el año 2000 canonizó en Roma a Sor Faustina y ese mismo día instituyó el “Domingo de la Divina Misericordia” que se habría de celebrar en toda la Iglesia universal el segundo domingo de Pascua; en el 2002, consagró personalmente este Santuario y al mundo entero, a la Divina Misericordia. Precisamente el “Domingo de la Divina Misericordia” del año 2005, el papa polaco fue llamado a la casa del padre.
El Papa Francisco también peregrinó a este santuario en el año 2016. Fue en ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud y dentro del Año Jubilar extraordinario de la Misericordia. Aquel año jubilar tuvo como lema “Seamos misericordiosos como el Padre”, mientras que el de la JMJ fue “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán Misericordia”.
Ambos lemas reflejan la constante invitación del Papa Francisco no solo a experimentar la Misericordia de de Dios para con nosotros, sino también a actuar con misericordia para con los demás. En su homilía de hoy, Domingo de la Misericordia, culminó con estas palabras:
«Preguntémonos entonces si en este último tiempo hemos tocado las llagas de alguien que sufra en el cuerpo o en el espíritu; si hemos llevado paz a un cuerpo herido o a un espíritu quebrantado; si hemos dedicado un poco de tiempo a escuchar, acompañar y consolar. Cuando lo hacemos, encontramos a Jesús, que desde los ojos de quienes son probados por la vida, nos mira con misericordia y nos repite: ¡La paz esté con ustedes!»