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El Cenáculo en Jerusalén: aquí Jesús celebró su Última Pascua

El Cenáculo es quizá el Lugar Santo que más recuerdos guarda de la vida de Jesús y de la iglesia primitiva. Sorprendentemente, no es hoy una iglesia, ni siquiera un lugar custodiado por alguna comunidad cristiana, pero sí es meta del peregrino en Tierra Santa. Te invitamos a leer esta entrada para conocer más de este Lugar Santo.

Grupo de Peregrinos en Oración dentro del Cenáculo

El Cenáculo es el lugar donde Jesús celebró su última Pascua. Nos narra el evangelio de San Lucas (Lc 22, 7-20) que Jesús envió a Pedro y Juan a Jerusalén para preparar el lugar de esta cena especial. El lugar indicado era una sala amplia en la planta alta.

Es esta Última Cena Jesús instituyó la Eucaristía. Junto a la Eucaristía, también el Sacerdocio (Mt. 26, 26-29), al pronunciar las palabras “hagan esto en memoria mía”. Aquella misma noche, mediante el signo del lavatorio de los pies, confirmó el mandamiento del amor (Jn. 13,2-17; 31-35); anunció la traición de Judas (Mc. 14, 17-21) y también las negaciones de Pedro (Jn. 13, 36-38). Desde aquí salió Jesús hacia el Getsemaní, donde comenzó su agonía.

Junto al Cenáculo, se encuentra el Cenacolino, una capilla del Convento Franciscano donde hoy podemos celebrar la Eucaristía

Después de descubrir la tumba vacía, los apóstoles vinieron aquí y Jesús se les apareció. Sopló sobre ellos al Espíritu Santo y les confirió la autoridad de perdonar los pecados: «A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Juan 20, 20-23). Después de la Ascensión de Jesús, aquí descendió el Espíritu Santo sobre los Apóstoles en Pentecostés y comenzaron a anunciar el Evangelio (Hechos 2, 1-13)

Grupo de peregrinos dentro del Cenáculo

El Cenáculo se encuentra hoy fuera de las murallas de Jerusalén, apenas a unos pasos de la Puerta de Sión. Aquí en el siglo IV estaba la Iglesia llamada Santa Sión, que resguardaba el Cenáculo. La iglesia fue destruida por los persas en el año 614, pero reconstruida por los Cruzados. Los musulmanes volvieron a destruirla y los franciscanos rescataron el espacio de la sala superior que señala el evangelio. Por un tiempo estuvo en manos musulmanas, quienes la usaron como mezquita.

Mihrab dentro del Cenáculo, indica a los musulmanes la dirección de la Meca

Hoy el Cenáculo está en manos del Estado de Israel y es parte de una escuela de la Torá. Se puede acceder por unas escaleras. No es lugar propiamente para ningún culto, aunque se puede orar con discreción. Los franciscanos tienen permiso de celebrar la Eucaristía en contadas ocasiones, Jueves Santo y Pentecostés. El Papa Francisco celebró aquí la Eucaristía durante su visita a Tierra Santa ,en el 2014.

Capitel de una de las columnas dentro del Cenáculo

El Cenáculo es un lugar simple pero extraordinario. No hay sillas, altar para la misa o siquiera una cruz. La oración discreta, la lectura del evangelio y la imaginación te permiten revivir lo que aquí pasó. Solo hay un signo eucarístico casi imperceptible: el capitel de una columna. Tiene grabado un pelícano alimentando de su propio pecho a sus crías. Es un símbolo de Cristo que en su sacrificio se nos da Él miso como alimento, como lo había prometido en la Última Cena “Este es mi cuerpo que será entregado por ustedes” (Lc 22,19).

Aquí, en el Cenáculo dio inicio uno de los más grandes misterios de nuestra fe que en cada Eucaristía actualizamos y que en el próximo Jueves Santo recordamos: la presencia real de Jesús con su Cuerpo y Sangre en el Pan y Vino consagrados. El Sepulcro está vacío porque Jesús esta vivo y presente en cada Eucaristía que recibimos. También está presente in persona Christi cuando el sacerdote celebra la Eucaristía. Por eso también es este el lugar por excelencia para pedir por nuestros sacerdotes, vivos y difuntos, por su santificación.

Peregrinos en oración por el sacerdote que renueva sus promesas sacerdotales en el Cenáculo

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