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Basílica de San Juan de Letrán

La Archibasílica Papal del Divino Salvador del Mundo, y de los Santos Juan Bautista y Juan Evangelista en Letrán, más conocida como Archibasílica de San Juan de Letrán, es la iglesia que funge como la catedral de la diócesis de Roma. Aquí, y no en San Pedro por lo tanto, es donde se encuentra la sede episcopal de su obispo que es el papa. En realidad está dedicada a Cristo Salvador, pero es más conocida con el nombre de San Juan, por estar dedicada a los dos principales santos que llevan este nombre.

Esta basílica es la primera construida en el mundo cristiano y entonces, la más grande. Con razón en su fachada, al alcance de todos, se puede leer una inscripción en lengua latina, idioma hasta hoy, oficial de la Iglesia católica, que dice: «Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput», es decir, “Madre y Cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo”.

Inicialmente eran estos unos terrenos donde la influyente y adinerada familia de Letrán tenía su palacio. Pero caída en desgracia bajo Nerón, la propiedad pasó al dominio imperial. Y el emperador Constantino, que fue el primer gobernante romano que concedió a los cristianos el permiso para construir templos, se los regaló a la Iglesia que edificó ahí, junto al Palacio, esta enorme basílica consagrada el 9 de noviembre del año 324 por el Papa San Silvestre.

Durante mil años, desde el 324 hasta el 1309, el “Palacio de Letrán” fue la residencia de los Pontífices. Aquí se celebraron cinco Concilios y en 1929, el trata- do de paz entre el Vaticano y el gobierno de Italia (Tratado de Letrán). Cuando los Papas volvieron de Avignon, donde habían fijado su residencia en un difícil período para la Iglesia, entre los años 1309 y 1400, se trasladaron a vivir al Vaticano. Ahora en el Palacio de Letrán vive el Vicario de Roma, o sea el Cardenal al cual el Sumo Pontífice encarga el gobierno de la Iglesia de esta ciudad y es la sede la Universidad Pontifica Lateranensis.

Así pues, la Basílica y catedral de Letrán ha sido venerada durante muchos siglos. Y aunque ha sido destruida por las invasiones bárbaras, el saqueo, el tiempo, terremotos y varios incendios, ha sido reconstruida una y otra vez.

La Fachada

La fachada actual, realizada bajo las ordenes del Papa Clemente XII (1730-1740) es obra de Alessandro Galilei. De estilo más bien clásico y conservador, es precedida por una escalinata y consta de cinco vanos correspondiente al mismo número de naves de la iglesia. Por encima del pórtico en lo más alto, se encuentra Jesucristo flanqueado por 15 santos entre ellos San Juan Bautista a su derecha y San Juan Evangelista a su izquierda. Al entrar nos encontramos a la izquierda con la estatua del emperador Constantino fundador de la basílica.

El interior

Cuando fue nombrado el papa Inocencio X (1644 – 1655) la basílica es- taba bastante olvidada, pero las celebraciones del año santo del 1650, le dieron la ocasión propicia para encargarle a Francesco Borromini, uno de los arquitectos y artistas más célebres y geniales del barroco romano, la ta- rea de una reconstrucción radical.

Borromini acometió gran parte del interior como lo conocemos hoy: las doce enormes hornacinas donde más tarde se colocaron las estatuas de los doce apóstoles; sobre el arco central el escudo de los Pamphili (familia del papa); las ventanas sobre los arcos; y sobre las hornacinas, los nichos donde diversos artistas esculpieron escenas del nuevo y del antiguo testamento, y los óvalos destinados a las pinturas de los profetas. El techo de madera y el pavimento de tipo cosmatesco, se conserva- ron como ya se habían realizado en el 1500 y 1400 respectivamente.

Así pues, hoy al entrar en la basílica catedral, nos encontramos con una nave central de 130 metros de largo, las gigantescas hornacinas de los 12 apóstoles, un espléndido ciborio de estilo gótico, colocado sobre el altar, el ábside con mosaicos completamente renovados en el año 1884 y un transepto ricamente decorado.

El Ciborio

El ciborio sobre la cripta y el altar mayor, está realizado durante el pontifica- do de Urbano V (1362-1370) y patrocinado por Carlos V. Detrás de la reja metálica, se encuentran las reliquias de las cabezas de San Pedro y San Pablo y abajo, pinturas con escenas de la vida de la Virgen. De este modo, se resume en este conjunto, toda la realidad de la Iglesia. La Iglesia se reconoce en la Eucaristía, celebración de la muerte y resurrección de Jesucristo, y al igual que los apóstoles, anuncia la palabra de la buena nueva y de salvación que el Hijo de Dios hecho hombre en el seno de la Virgen María, ha traído a todos los hombres de buena voluntad. En la cripta se ve una valiosa y hermosa estatua de madera de San Juan Bautista, obra del escultor y pintor Donato Formello del siglo XVI y el sepulcro del papa Martin V.

El Ábside

El mosaico del ábside, es copia del original de Jacopo Torrini, del que sobrevivieron sólo fragmentos. Vemos en él a Nicolás IV, papa franciscano promotor de la restauración, más pequeño que los otros personajes y con vestiduras litúrgicas rojas. A los lados de María y de San Juan Bautista, los santos más significativos de su orden fundada por el pobrecito de Asís, San Francisco y Antonio de Paula. El papa está de rodillas a los pies de la virgen, en actitud orante y con las manos levantadas como en el signo del ofertorio. Una actitud análoga asumen los otros personajes, de dimensiones mucho más grandes: María, San Pedro y San Pablo, a la derecha de la Cruz cubierta de gemas, y San Juan Bautista, San Juan el apóstol y San Andrés, hermano de Pedro, a la izquierda.

Arriba en el centro, vemos el rostro del Salvador rodeado de ángeles, y abajo la cruz, símbolo de la muerte y resurrección de Jesucristo, bañada por el agua que brota del pico de la paloma imagen del Espíritu Santo. Esta agua, de la que beben ciervos y ovejas, va de la Cruz a cuatro manantiales y vivifica toda la creación, representada por plantas y flores, animales y hombres, entregados a las actividades de la vida diaria en una ciudad ideal, Jerusalén, reproducida a los pies de la Cruz.

La lectura teológica del mosaico no es difícil: el bautismo, al que hace alusión el agua, produce para el mundo y los hombres una nueva creación. Así como el agua es fuente de vida, del mismo modo el bautismo introduce a los cristianos en la nueva vida que Jesucristo ha logrado con su muerte y resurrección.

El transepto

A la altura del altar se abre hacia ambos lados un corredor que llamamos transepto. Éste fue completamente reestructurado durante el pontificado de Clemente VIII (1592-1605), según proyecto de Giacomo de la Porta.

Sus frescos, obras de pintores manieristas de gran fama en las postrimerías del siglo XVI, ilustran, de manera sencilla y comprensible para todos, la historia de la basílica y su estrecha relación con los hechos legendarios de la vida de Constantino y su conversión al cristianismo.

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