Qué tal ¡Familia de Peregrinaciones.blog! Gracias por leer las publicaciones que preparamos para ustedes en este espacio. Hoy festejamos el nacimiento de la Virgen María, y te quiero platicar cómo es el lugar santo que guarda este recuerdo en Jerusalén. Te invito a leer completo esta entrada.
En nuestra vida de Iglesia recordamos y celebramos a muchos santos. Prácticamente hay un santo para cada día. Regularmente la fiesta de cada santo se celebra el día en que partieron de este mundo para nacer a la vida eterna ¡el día que llegaron al cielo!
Hay tres fiestas litúrgicas en las que celebramos el nacimiento en este mundo de tres personas: de Jesús, de Juan Bautista y de la Virgen María. Claro su nacimiento en este mundo fue decisivo para la historia de la Salvación. Jesús el Mesías prometido, Juan su precursor que lo anuncia y María elegida por Dios para ser Madre del Salvador.

Acerca del Nacimiento de Jesús y de san Juan Bautista tenemos información directamente en los Evangelios. Por su parte, ningún evangelio habla del Nacimiento de la Virgen María. Tenemos noticias a partir de textos apócrifos, que como hemos mencionado antes no son Palabra de Dios, no fueron revelados y no están en la Biblia. Sin embargo, son textos que contienen algunas tradiciones que la Iglesia ha guardado en la liturgia, la piedad y en el arte.
En Tierra Santa también existen los 3 lugares donde recordamos estos tres nacimientos que además fueron prodigiosos porque para Dios no hay imposibles. Jesús nació por obra del Espíritu Santo de una Virgen, Juan Bautista de una madre anciana y estéril.
¿Dónde y cómo nació la Virgen María?
María, nos informa el libro apócrifo de Santiago, nació también de dos ancianos que no habían podido procrear, Ana y Joaquín. El texto nos narra cómo Joaquín fue impedido de presentar su ofrenda en el Templo de Jerusalén por no haber engendrado. Entonces se retiró sin avisar a Ana al desierto de Judea por cuarenta días y cuarenta noches, en ayuno y oración. Ana por su parte lloraba la desgracia de su esterilidad y rogaba a Dios poder concebir.
Un Ángel anunció a Ana que el Señor había escuchado sus plegarías y le concedería engendrar. Ella le prometió al Señor consagrar el fruto de su vientre a su servicio todos los días de su vida. Joaquin también fue anunciado de regresar con su esposa, y regreso a su casa. Dios cumplió la promesa, Joaquín y Ana engendraron. Pasados los 9 meses, Ana dio a luz a una niña, a quien llamó María.
¿Dónde nació María? ¿Cómo es hoy ese lugar?
El evangelio apócrifo de pseudo Mateo narra casi exactamente lo mismo que el apócrifo de Santiago, pero es el primer texto el que especifica que la ciudad de Ana y Joaquín era Jerusalén. Señala incluso que el reencuentro entre Ana y Joaquin, luego de que él regresara del desierto fue en “la puerta Dorada en Jerusalén”. También que Joaquín tenía un gran rebaño, del cual donaba ovejas a los sacerdotes del templo, a las viudas y a los peregrinos en Jerusalén. Por esto, la tradición apunta a que María nació en Jerusalén. Lo confirmaron San Sofronio Patriarca de Jerusalén y San Juan Damasceno en el siglo VII.
Hoy el recuerdo del Nacimiento de la Virgen María se conserva junto a la Piscina de Betesda, muy cerca de la Puerta de las Ovejas, que hoy se llama Puerta de los Leones. Muy cerca también del ingreso a la Explanada de las Mezquitas, donde antes estaba la Explanada del Templo de Jerusalén.
Desde antes del nacimiento de Cristo, en la piscina de Betesda se lavaban las ovejas antes de ser sacrificadas en el Templo de Jerusalén, por eso el nombre de la Puerta. Además Betesda significa “Casa de la Gracia”. Las ovejas y el Templo se relacionan perfectamente con Joaquín. María que nació sin pecado original, llena de gracia, debió nacer en la “Casa de la Gracia”.
Desde el siglo V, existía en Betesda una iglesia para guardar la memoria de la casa de Joaquín y Ana. Esta iglesia fue destruída en el año 614 durante la invasión persa. Los cruzados conquistaron Jerusalén en el año 1099 y terminaron de construir una nueva iglesia en el año 1138.
Después de que Saladino venció a los cruzados en el 1187, la iglesia no fue destruída sino convertida en una escuela para el estudio del Corán y el derecho islámico. Gracias a esto se conserva casi intacta hasta nuestros días.
Hoy los peregrinos visitamos las ruinas de la Piscina de Betesda y la iglesia de Santa Ana. Goza de una gran acústica por lo que es casi obligado hacer ahí un canto a la Virgen María. El sitio es resguardado por la Sociedad de los Misioneros de África, mejor conocidos como Padres Blancos, por el color de su hábito.
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